UNA IMAGEN Y 226 PALABRAS

Lo que el reflejo esconde |
En las páginas de este mismo periódico se informa de un nuevo libro de poesía, de Julio Llamazares, al que siempre se le añade el ‘apellido’ de “el escritor nacido en Vegamián”. Aunque Vegamián no exista. O sí existe pues el poeta afirma que “allí, en Vegamián, está la base de mi literatura”. El silogismo es evidente, mientras exista su literatura existirá Vegamián, por más que las aguas insistan en mantenerlo tapado. Los reflejos no pueden ocultar que el fondo existe. Él lo cuenta con un verso dedicado a Riaño, otro pantano, otra patria ahogada: “...la niebla de los ríos y las fresas podridas o aquel verano rosa rodeado de perros”. La belleza de la estampa, el reflejo, no puede esconder que debajo de las aguas sigue habiendo pueblos, casas, lápidas, muertos... incluso la memoria de quien se mató antes de que las máquinas derribarán su casa, como Simón Pardo, Mones, que amó más a su tierra que a su vida y cuando el sol del último día iluminó su casa lo descubrió sobre su cama, dormido para siempre. La belleza de la estampa, el reflejo, no puede ocultar que debajo de las aguas hay valles: Luna, Oliegos, Vegamián, Riaño... los valles de la solidaridad, que nos decían, los mismos a los que ahora quieren volver a llenar de torres de alta tensión. ¿Más solidaridad? Mejor, menos mentiras. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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