Recuerdo de cuando era niño la visita frecuente de un pobre, de los del saco al hombro, que venía cada cierto tiempo a pedir por las casas. Su saludo era: “¡Arriba España!”. A continuación añadía: “El que la tiró que la levante”. Pues bien, a estas horas, mientras escribo, están dando los resultados de las elecciones autonómicas de Galicia y Vascongadas. El PP ha sacado mayoría absoluta en Galicia y parece ser que entre los vascos las cosas también han cambiado, siendo posible un nuevo gobierno no nacionalista. Si bien el nacionalismo vasco es el más radical de todos, por fundamentarse en la violencia, los últimos gobernantes gallegos han venido ejerciendo un claro mimetismo respecto de los independentistas más radicales, eligiendo también la senda narcisista.
Un ilustre bilbaíno, don Miguel de Unamuno, decía: “Me duele España”. Nos duele comprobar que haya gobernantes que buscan más su propio interés que servir a los ciudadanos; que en lugar de buscar la unión entre los españoles fomenten la división y las desigualdades. Es absurdo que, en la práctica, los que hablamos castellano nos sintamos discriminados. Por ejemplo, un profesor vasco, catalán o gallego puede venir a dar clase a Castilla y León sin ningún problema. No así al revés, pues es preciso que aprendamos otra lengua para poder ejercer la docencia en esas regiones. Nos duelen formas de gobernar que nos están empobreciendo en todos los sentidos, y que están destruyendo muchos valores que no por antiguos deberían pasar de moda. Es verdad que no se puede echar toda la culpa a quienes nos gobiernan, pues ellos no serían nada sin los electores. De ahí que parece positivo que éstos vayan espabilando un poco en orden a levantar la España que antes han colaborado a tirar.