Viejas instalaciones del pozo. MAURICIO PEÑA
Manuel C. Cachafeiro León
En 1972, un estudio del antiguo Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario, conocido en el campo leonés por sus siglas de Irida, concluyó que existía una gran bolsa de aguas subterráneas desde los Picos de Europa hasta Benavente, en Zamora. Varias fueron las prospecciones, desde Sahagún a Valderas, para estudiar ya con más detenimiento aquel descubrimiento con vistas a su aprovechamiento, más enuna provincia como León donde el secano condicionaba, y todavía sigue condicionando, muchos cultivos.
A cuatro kilómetros de Gordoncillo, una localidad del sur leonés a medio camino entre Valencia de Don Juan y Valderas, el agua salió salada. Tal era su riqueza sulfurosa que durante años se planteó la posibilidad de abrir un balneario en Gordoncillo para aprovechar también sus bondades medicinales en enfermedades reumáticas o de la piel. Pero como tantos proyectos leoneses, quedó en el olvido.
Otro pozo, construido esta vez a la salida de Gordoncillo por la carretera de Mayorga, se aprovechó para el consumo humano desde 1974 —año en que se hizo la obra general de alcantarillado del pueblo— hasta 1980. Durante seis años, los vecinos vieron cómo aquel agua destrozaba las tuberías galvanizadas de las lavadoras o cómo la ropa blanca acababa teniendo al secarse un color amarillento. El pozo se cerró, aunqueutilizándose para riego porque surtía 300 litros por minuto sin necesidad de maquinaria alguna. Sin embargo, mientras la remolacha la admitía, otros cultivos de huerta no resistían tanta concentración de sal.
Hasta ahí la historia de unas aguas de indudable valor, que apenas han sido aprovechadas. De hecho, la boca del pozo está tapada con una enorme piedra para evitar que alguien pueda accidentarse desde hace dos décadas.
32 años después de aquel estudio del Irida, otras siglas —Siemcalsa, Sociedad de Investigación Minera de Castilla y León— plantea ahora la utilización de esas aguas como fuente de calefacción en cuatro edificios públicos de Gordoncillo, lo que en términos científicos se denomina Geotermia, que es la ciencia que estudia los fenómenos relativos a la temperatura de la corteza terrestre, con el fin de aprovecharlos como fuente de energía. El proyecto de Gordoncillo sería el primero de estas características en la provincia de León.
Urbano Seco se muestra orgulloso de la iniciativa y muy agradecido a Siemcalsa, pero no quiere echar las campanas al vuelo. “Es viable utilizar la energía geotérmica en Gordoncillo, pero queda mucho camino”, advierte el alcalde.
Los edificios elegidos serían el colegio público del pueblo; la residencia de ancianos, que tiene 100 plazas, y el proyecto de recuperación de la vieja fábrica de harinas —proyecto que incluye un edificio de nuevas tecnologías y un teatro—, todos ellos situados en un radio de acción de medio kilómetro en el centro del pueblo. “Es absolutamente viable”, insiste el alcalde.
El proyecto utilizaría una red de tuberías que conectaría los tres edificios y un calentador para aumentar unos diez grados el agua que haría de circuito permanente. En dos años, el Ayuntamiento de Gordoncillo cree que puede estar en marcha. Gordoncillo quiere ser pionero una vez más.