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UN DEBATE POLÉMICO

La guerra de los grafitis

Debajo de la pintura rosa del muro de la calle Bilbao aún se podían intuir esta semana los grafitis.

Manuel C. Cachafeiro León
En la calle Bilbao, junto a la estación de Feve, los vecinos han exigido que se repinte de rosa el viejo muro que da a las vías del tren antes que mantener los graffitis que el Ayuntamiento de León permitió hacer con motivo del 8 de marzo, hace ahora un año. El gobierno municipal optó por zanjar la polémica en vista de unas protestas, “casi insoportables” según un edil. Y todo por unos dibujos en la pared. Los llamados graffitis. Para algunos arte, para otros simple vandalismo.
Las pintadas están adueñándose de barrios enteros de León, sobre todo el casco antiguo, Santa Marina y el centro de la ciudad. Grafiti es una palabra de origen italiano —graffiti, graffire— que define todo un movimiento urbano que utiliza sprays y que convierte espacios públicos en escaparates para la protesta.
Como en los toros, defensores y detractores nunca se pondrán de acuerdo. En muchas ciudades se les persigue, pero en otros lugares se les da una oportunidad. Es el caso del nuevo aparcamiento del hotel Santo Domingo de Madrid, en el distrito Centro. Sus paredes blancas se han convertido en un espacio para el color y la naturaleza, con un mensaje a favor del medio ambiente. Tras convocar en el mes de noviembre un concurso, la dirección del hotel escogió cuatro de los 32 proyectos presentados para decorar las plantas del aparcamiento, 600 metros cuadrados de pared.
En León, el coordinador local de IU, Santiago Ordóñez, ha pedido en varias ocasiones al Ayuntamiento de la capital que habilite espacios para que los grafiteros puedan desarrollar su actividad. Ordóñez advierte que no se les debe confundir con los autores de pintadas “que ensucian muchas paredes de León”. El PP, por su parte, planteó en su día la creación de un censo de estos “muralistas callejeros”.
En barrios como Santa Marina, los vecinos están hartos. “Una zona que debería ser un escaparate de la ciudad, no cabe un grafiti más”, denuncia Hermenegildo López, presidente de la asociación vecinal.
Teresa Gutiérrez, concejala de Mujer y Bienestar Social, es consciente del problema y aboga también por crear un espacio para los grafiteros. Sobre todo tiene claro que entre más se les persiga más pintadas harán en lugares donde no deben.
Sin embargo, no es fácil lograr un espacio público para que se expresen. El Ayuntamiento de León planteó recientemente a un colegio de la ciudad la utilización de un muro del patio. La respuesta fue no porque, según los responsables del centro, el mural podía atraer a otros ‘artistas’ entre comillas de las pintadas.
Ideas se están poniendo en marcha en muchas partes. Porque no es un problema exclusivo de León. La Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Burgos tiene un sistema de préstamo de soportes para artistas del grafiti, con el fin de que puedan expresarse libremente sin necesidad de manchar el mobiliario urbano de la ciudad. La Concejalía castellana prestará un total de cuatro cubos de las dimensiones 1,80 por 1,20 metros, que servirán a su vez como elementos de exposición al aire libre de los distintos trabajos realizados.
La Policía Local de León ha actuado en varias ocasiones contra los autores de pintadas incontroladas. Incluso ha pedido la colaboración ciudadana para tratar de erradicar tantas pintadas. Una de sus actuaciones más sonadas fue la detención de cuatro jóvenes por realizar varias en tres calles del barrio de Eras de Renueva. La colaboración vecinal fue clave. Los agentes incautaron un rotulador gordo color negro, una boquilla de plástico negro y varias pegatinas con las iniciales GENTS, un guante negro y una boquilla de plástico amarilla, así como una boquilla de plástico blanca y un guante de látex. Además en la zona se localizaron dos sprays de tamaño grande color marrón y un guante de látex.
En ciudades como Astorga, hay algunos grafiteros que han hecho de su arte toda una pasión. Daom y Syro son dos jóvenes astorganos. Uno de sus últimos trabajos se puede ver en un muro de la céntrica plaza del Obispo Alcolea. Para hacer sus trabajos solicitan permiso al Ayuntamiento o a los dueños de los solares, aunque reconocen que esta afición está muy mal vista. «La gente siempre lo asocia con vandalismo y cosas malas, porque identifican cualquier pintada en una pared con un grafiti y no es así, lo que nosotros hacemos es arte y nos cuesta mucho trabajo y mucho dinero».
León también ha dado nombres como Dr. Hofmann. Bajo ese seudónimo se esconde un leonés que ha puesto ya su firma en medio mundo. Su biografía se reduce a un “nació en León en 1971” y una larguísima lista de ciudades en las que han aparecido sus grafitis.
Dr. Hofmman es ya lo que se dice un autor de culto y vende camisetas y otros productos con sus obras en su página web. Su historia empezó en una visita colegial a Madrid, donde descubrió la obra de El Muelle, el mítico pionero del graffiti en España.
“Desencantado ante la saturación y homogenización del grafiti, hace años volvió a la calle con una misteriosa y masiva campaña de intervenciones hechas con plantillas bajo la leyenda “¿Quién coño es Dr. Hofmann?” , dice de él mismo este autor que no quiere desvelar su identidad y cuya obra se puede ver en el Húmedo.
El Parque de la Amistad y la Tolerancia de León no es un buen ejemplo del ‘trabajo’ de los grafiteros. Allí, en una caseta de juegos, se acumula un mosaico de pintadas de todos los colores. Serán perseguidos, pero también muchos amantes de este arte no tienen el mínimo respeto.
El Ayuntamiento de León está tan mal económicamente que apenas puede emplear fondos en limpiar de pintadas portales y fachadas. Acuerdo parece ser la solución. Sin embargo, en la calle Bilbao, junto a Alvaro López Núñez, no los quieren volver a ver. “Que pinten su casa o el muro de Berlín”.

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