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UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO


Si hay vida... llega el panadero

En medio de la mayor nevada, en el pueblo más recóndito, suena un claxon y todos saben que es el del panadero, que raramente falla a su cita diaria.

Hoy lo hacen en un Land Rover u otro potente vehículo, pero antes llegaron con sus carros de caballos o, incluso, con los serones cargados de una mula. ‘Si hay vida... llega el panadero’, reza un adaptado dicho. Y muchas veces fue el coche del panadero el que evacuó a un enfermo o acercó al médico o al veterinario hasta un lugar donde había sido requerido.

No es nueva su entrega, ni privativa de los lugares a los que se hace difícil acceder. Ahí está la imagen del León de principios del siglo XX que muestra como en la Panadería Belga se las ingeniaron para poder hacer llegar su hogaza a todas las casas. El carro más adecuado, construido expresamente para este cometido y tirado por el perro más noble y capaz de adaptarse a todo: el mastín leonés.

Ahí está, repartiendo, casa por casa. Los herederos del panadero no saben si el de la fotografía es Sultán, Roldán o Moke, que así se llamaban los tres mastines que hacían el recorrido y se ganaron el cariño de los leoneses.

Como se lo han ganado todos los panaderos, de ahí que cuando alguien no merece lo que tiene se diga aquello de “y que madruguen los panaderos para dar de comer a estos zampones”.


Ful
Fulgencio
Fernández

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