Emiliano es uno de los grandes de la historia del baloncesto
Emiliano, en la actualidad, en la sala de trofeos del Real Madrid.
César F. Buitrón León
Cuando en León se piensa en los grandes nombres del deporte a lo largo de la historia son muchos los que pasan de largo sobre el nombre de Emiliano Rodríguez. Quizás sea porque su carrera la hizo lejos de su tierra o porque el tiempo oculta hasta las trayectorias más destacadas, pero la realidad es que aquel chaval que nacía un 10 de junio de 1937 en San Feliz de Torío se iba a convertir, si no en el más grande de los deportistas leoneses, en uno de los que más alto hicieron sonar su nombre en el mundo.
La época en la que iba a brillar Emiliano en el baloncesto, la década de los 60, era la del despertar de su deporte en España y casi en Europa. Aquellos 60 no eran años para dar el salto a la NBA que miraba por encima del hombro a Europa, pero si en aquella época un jugador habría podido ser un jugador de NBA ése habría sido Emiliano Rodríguez, salvando las distancias temporales, un Rudy Fernández de hace casi medio siglo.
Con 1,85 metros de estatura, era uno de los chicos más altos de su colegio, el de los Escolapios de Bilbao. Allí empezó a destacar por su lanzamiento y por una capacidad innata para entrar a canasta.
En 1958 fue fichado por un modesto equipo catalán, el Aismalíbar en el que iba a conseguir que la selección española se fijara en él y lo llamara para jugar en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.
Era el sueño cumplido de cualquier deportista. El suyo también, pero los sueños no habían hecho más que empezar. El Real Madrid, el equipo de sus amores, lo llamaba ese verano olímpico. No lo dudó y se fue para Madrid, donde iba a marcar una época. Con el leonés como estrella, aquel equipo que dirigía desde el despacho Raimundo Saporta iba a convertirse en el más grande de Europa. Fueron años de triunfos en los que Emiliano iba a sumar a su palmarés 12 ligas españolas, nueve Copas del Generalísimo, cuatro Copas de Europa y dos veces máximo anotador de la Liga española (1963 y 1964), aunque de aquellos años 60 el equipo de baloncesto del Real Madrid que lo ganaba todo, sus dos premios de más mérito fueron sus designaciones como Mejor Jugador del Campeonato de Europa (Varsovia 1963 y Nápoles 1969), que conseguidas con una selección modesta como la española era casi una heroicidad.
Si el mismo Emiliano Rodríguez ha dicho siempre que estar en unos Juegos Olímpicos era lo máximo, él pudo presumir de pisar dos veces la villa olímpica ya que en 1968 volvió a entrar en la selección nacional que jugó en México en unos Juegos en los que iba a empezar el despegue del equipo nacional. Él fue uno de los pioneros del deporte leonés y del baloncesto español. Un mito de un deporte sin tantos focos ni cámaras de televisión. Unos años en los que fue el mejor y por los que hoy le premian en su tierra. Tarde, pero merecida una distinción como el ‘León de Plata’ que hoy recibirá.