Alguno pensará que nos estamos metiendo con el ex ministro de Justicia, cazador cazado por practicar sus deportes cinegéticos y venatorios sin la debida licencia. Pero no nos referimos aquí a ningún permiso para matar corzos, jabalís, ni conejos o perdices. Aunque parezca mentira, estamos hablando de licencia para matar seres humanos con todo el horror que esto supone. Estos días la mal llamada ministra de Igualdad se pavonea de sacar adelante la nueva ley del aborto. Nunca entendimos la necesidad de este Ministerio, pero ahora mucho menos, pues no hay desigualdad más cruel e injusta que aquella que sostiene que no todas las personas tienen el mismo derecho a nacer. Por supuesto, que lo de la igualdad también es mentira desde el momento en que la opinión del padre de la criatura tampoco cuenta para nada.
El colmo del cinismo es pretender sentirse avalada por una comisión de expertos. ¿Expertos en qué? ¿Acaso no hay verdaderos expertos que sí tienen montones de argumentos para defender la vida humana de los no nacidos, incluidas mujeres que han pasado por el horror de abortar?
Lo malo no es que haya ministros y ministras incompetentes, incapaces de resolver los auténticos problemas de los ciudadanos. Lo peor de todo es el silencio cómplice de una gran parte de la sociedad, políticos, medios de comunicación, profesores, gente de la calle... que no se atreven a alzar la voz ante uno de los atentados más graves que se puedan cometer contra la dignidad humana, no sólo contra el niño sino también contra la mujer y contra las familias. Entre tanto gentes sin escrúpulo están haciendo un gran negocio. ¿Acaso podemos resignarnos como borregos?