La primera muestra del museo ofrece unas 80 piezas únicas en el mundo
C.D.R. León
La palabra de García Recio, director del Instituto Bíblico y Oriental, es muy fácil de entender, precisa, didáctica y esclarecedora. Por eso, recorrer la exposición sobre Alejandro Magno que alberga el museo recién inaugurado, siguiendo sus explicaciones, es un verdadero privilegio.
Recio señaló sobre el conquistador: “Fue una persona profundamente religiosa, como demuestra esta exposición. Fue religioso desde niño y rezaba antes de entrar en batalla, y así, protegido, iba a primera línea acompañando a sus soldados, cuyos nombres conocía”.
Después de recibir en el oráculo de Shiwa (Egipto) la revelación de ser un elegido, explica el sabio, regresó a una ciudad cerca de Bagdag: “Una ciudad llamada Opis, donde organizó un banqueta para 9.000 de sus soldados. Según el historiador Flavio Arriano, el banquete terminó con una libación y un cántico en el que gentes de diversas religiones realizaron el mismo rezo. Fue un pionero, pues dijo Alejandro que ‘a todos os llamaré amigos’, un poco como Cristo”.
García Recio no dudó en señalar que esta es la mejor exposición posible sobre Alejandro: “Esta es una ocasión única, sobre todo por el sentido de la misma. Así, pocas veces se podrá contemplar una representación de Alejandro asimilado a Helios, las diademas y joyas de oro de su época y de la de su padre Filipo, trozos de uno de sus trajes o el Alejandro con escamas, pieza casi única, pues sólo hay otra similar (pero mucho más pequeña) en el Louvre, así como un busto esculpido en vida del histórico personaje”.
Finalmente, el director del IBO señaló que el texto de Flavio Arriano y el mapa que reciben al visitante resultan esenciales para entender la muestra: “No podemos olvidar que Alejandro crea un arte nuevo en toda esa parte de Asia, hasta la India, incluso Afganistán siempre fue tierra privilegiada para el conquistador”.