La hostelería en León también nota la crisis. Lo corrobora Jambrina, el rey del adobo, y Esteban, de los Román –confecciones–, experto en analizar y fiscalizar el consumo.
Y si el hostelero entra en crisis, aviados vamos. Desde el churro del desayuno hasta el último gin tonic nocturno, el bar, la bodega, la tasca, la cafetería, el pub, la disco, el night club, el puticlub y el chigre, han sido el recurso habitual de encuentros, citas y contubernios. ¿Qué no conocerán del León más auténtico aquellos que hicieron kilómetros detrás de una barra como dueños o camareros? Siempre que se habló de crisis, hubo una tasca donde caerse muerto, y tras la barra un camarero. Por eso hoy alguien me pide un homenaje para Manolo o Valentín, del San Marcos. Nemesio y Arturo del Riosol; José de la cafetería de la Renfe; Carlos de la churrería Roma; José y Silvestre del Alaska; Valentín, que me dicen se jubila en el Conde Luna; Miguel, del Restaurante Albatros; Ismael, del Restaurante El Eje, en San Andrés; Paulino, del restaurante El Hórreo; Miguel de la cafetería Petunia, Isidro del Restaurante Puente Villarente; Jesús de la cafetería Babia; Maxi y Santiago, del Viña H; Agapito del Racimo de Oro; Manolo del Mesón Celso; José Caballero del Gom´s, en la avenida Roma; Marquitos, hoy en su córner de la Bodega Regia; Mundi, en el Infierno; Marino en el Bolívar … y gente que se me escapa, desde el Adonías, al Quindós, al Rafa, el Niaska, La Poveda, La Farola o la Cafetería Plaza. Por Dios, ¿la hostelería en crisis?