Si hoy Cáritas Diocesana cerrara sus puertas habría un auténtico problema social en León. Esta institución lleva años haciendo una labor callada y no debidamente reconocida en León y en muchísimos puntos de España, pero ahora con la recesión económica se ha convertido en la última esperanza de miles de personas, sobre todo inmigrantes. El pasado año pasaron por sus dependencias 8.000 personas pidiendo y recibiendo ayuda; y ésta es de todo tipo, desde vivienda, hasta trabajo y ropa, pasando por ayuda administrativa, educativa e infantil, cubriendo toda una serie de ayudas sociales que las administraciones públicas no cubren, a pesar de que son las mínimas que garantiza la Constitución a todos los residentes en España. Cáritas se ha convertido en el mejor administrador posible de la pobreza y un ejemplo de gestión del que deberían aprender todas las administraciones. Las cifras son elocuentes. Todo este ingente trabajo y reparto de dinero se hace con un presupuesto anual de 600.000 euros, 10 trabajadores y 150 voluntarios. Esta institución podría ser una auténtica escuela de gestión social, en la que los cientos de gestores y políticos dedicados a tramitar los presupuestos públicos de ayuda social tendrían mucho que aprender; sin embargo, ninguno de los políticos leoneses ha visitado personalmente sus instalaciones en los últimos dos años, a los que proponemos desde aquí que subsanen cuanto antes su error. Muy pronto Cáritas hará el balance anual de la pobreza en España en el que se pondrá de manifiesto que la situación se agrava cada día superando ampliamente el 20% de la población. Sólo en los dos meses de este año el número de personas que acuden pidiendo ayuda en León se ha incrementado en un 50%.