UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS

De los enigmas de la vida de un gato |
Siempre hubo clases, dice el irrefutable aforismo. Hasta en los gatos, se podría añadir. No hay más que observar al de la imagen, un gato señorito que vive en la plaza Mayor y desde allí lo mismo contempla el ajetreo del mercado que el tópico recogimiento de las procesiones que pronto inundarán nuestras calles. Para argumentar que siempre hubo clases bastaría recordar, en contraposición, aquel otro que se asomó a este mismo rincón en pleno invierno, peleándole el plato de comida –que una buena mujer le había dejado en un rincón del parque de La Granja– a un fiero erizo. Los dos se miraban con desconfianza, pero ambos comían. Y qué decir de los gatos callejeros que andan por los tejados, los que aparecen muertos en las carreteras, los que sobreviven en el abandono de algunos pueblos frente a los que van a la peluquería, se vacunan con cartilla, llevan un chip y chaleco de corte. Sin embargo un viejo cuento latino relata la historia de dos gatos que se encuentran en la frontera. Un destartalado gato mejicano, hambriento, y un americano de corte y confección. Los dos quieren quedar en su tierra, no quieren cruzar la frontera y el americano se extraña: “con el hambre que pasas, el frío que soportas, las patadas que te dan”. – Pero no me capan, castrati. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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