La Hullera logra un triunfo vital ante el Benavente con goles de Raúl y Rueda
Los equipos filiales de la Hullera posaron en el descanso del encuentro para las fotos oficiales de la entidad. M. MARCOS
Gil Fernández Ciñera
A pesar de un colegiado romo, que le puso las cosas más difíciles a la Hullera él solo que el Benavente, la fiesta fue completa en el Santa Bárbara. Estaba claro que si alguien tenía que animar el cotarro eran los jugadores locales, sabedores de que los tres puntos eran más necesarios que nunca, y cumplieron. El conjunto de Belarmino López fue muy superior a un peligroso Benavente, cuya intención era sacar petróleo de los males por los que atraviesa el conjunto local. Pero, en un choque de ida y vuelta en cuanto a lucha y pelea, no en cuanto a ocasiones, la Hullera se llevó el justo premio.
Dieron primero los gordoneses en una escapada de Raúl, que batió al Pablo en su media salida superado el cuarto de hora y bien pudo sentenciar este mismo jugador en otra escapada donde se quedó sin opciones por tratar de ser generoso. Uno a cero y a descansar.
Sin embargo en la segunda parte todo se complicó. El Benavente apuntó hacia arriba y en una jugada absurda en la que Jorge Israel sacó limpiamente el balón cuando el reloj corría por el minuto 14 de la reanudación, Ateca Yáñez se inventó un penalti ante la incredulidad de la grada. Luis no falló y devolvió las tablas. Pero, lejos de encrespar los ánimos de los locales, lo cierto es que esta injusticia les dio más fuerzas.
La Hullera se fue con todo en busca del partido y el Benavente recibió un baño durante 25 minutos en los que pudo salir escaldado. Sólo el demérito y la falta de puntería local les privó de un resultado más cómodo, tras el tanto marcado por Rueda cuando no se había cumplido la media hora del segundo acto. Una galopada del ariete dio con el balón en las mallas de Pablo, que únicamente lo pudo recoger del fondo en lo que sería el tanto de la victoria local. Después, se sucedieron las ocasiones marradas para sentenciar: Aitor, Ivanín, Rueda y por partida doble Isma, que dieron vida a un rival que acabó ‘muriendo’.