Las obras en la iglesia amplían la rehabilitación del monasterio
La fachada de la iglesia cambiará de imagen con la supresión del tejadillo sobre la puerta. GAZTELU
Javier Santiago Ponferrada
Quizá lo importante sea mirar hacia Montes. Volver la vista hacia un territorio tan mágico como ensombrecido por el paso de la historia. Recordar el tiempo apasionado y turbulento en que esos bosques congregaban el espíritu de una época. Y pensar en lo que queda de aquello, algo similar a lo que quedará de este momento aparentemente inmortal cuando se mire desde la distancia.
La excusa para acordarse del monasterio que fundó San Fructuoso en el siglo VII y restauró San Genadio a finales del IX es que siete años después de la última gran intervención, vuelven las obras. La Junta de Castilla y León va a invertir 370.000 euros en rehabilitar la iglesia, un edificio de origen románico también castigado por los años.
“Montes todavía puede deparar algunas cosas”. Lo dice Eloy Algorri, el hombre que conoce casi cada piedra del edificio y el arquitecto que realizó el plan director del monasterio en el año 2000. Ese documento es la ‘biblia’ que marca todos los pasos a dar en su conservación y rehabilitación.
La intervención que arrancó en 2002 sacó a la luz todo lo que durante décadas había estado bajo los escombros. La ruina del monasterio había sepultado la estructura del edificio y la labor de rehabilitación permitió resucitar alguna idea de cómo era la vida de los monjes benedictinos en la última etapa, antes de que en 1835 llegase la exclaustración y con ella el principio del fin para Montes.
Ahora es menos previsible que el cambio en la imagen del monasterio sea tan llamativo como el que se percibió a partir de aquellas obras. Pero, sí, Montes todavía puede guardar sorpresas. En cualquier caso, la inversión permitirá robustecer la salud de la iglesia parroquial de San Pedro.
Los trabajos en el templo se acometerán en dos fases. Los fondos ya aprobados corresponden a la primera, que permitirá acondicionar el exterior. Para el futuro quedará la rehabilitación del interior.
La principal novedad a la vista que arrojen los trabajos será el cambio en la portada de la iglesia. Cambiará porque “se eliminará el tejadillo que está sobre la puerta, de tal manera que se dejará la fachada tal y como estaba originalmente en el siglo XVIII”, explica Algorri. Ese tejadillo se construyó en su día para proteger a los fieles de la lluvia antes de las ceremonias religiosas. Ahora en Montes apenas hay vecinos a los que cubrir.
También en la fachada “se acondicionará el acceso al coro, que es poco apropiado arquitectónicamente”, de tal manera que se dejará una estructura más adecuada. Pero, además de estas actuaciones que afectarán a la estética del edificio, las obras que se ejecutarán servirán también para asegurar su estructura. De este modo, el antiguo templo se fortalecerá y ganará confianza para seguir resistiendo.
Una parte fundamental de este proyecto es el drenaje para sanear el exterior de la iglesia. Algorri plantea establecer un sistema de evacuación de aguas con un coste más económico para comprobar si es efectivo. De lo contrario, se establecería otro más costoso. Todo con el objetivo de frenar el daño que pueda provocar a los muros el efecto del agua. Hay que recordar que en la parte norte del edificio el nivel del suelo interior está por debajo del de la calle.
La otra gran garantía de supervivencia para la iglesia es la sustitución del tejado. “Intentaremos hacerlo con pizarra a granel”, explica el arquitecto. Con ello la rehabilitación será lo más fiel posible a la historia del monasterio. Porque una de las reglas que marcan este tipo de proyectos es “que la intervención sea lo más discreta posible”, apunta Algorri, “que lo que se haga pase lo más desapercibido posible”. Todo con el fin de que San Pedro de Montes siga siendo San Pedro de Montes, aunque con más salud.
Los trabajos, cuya ejecución todavía no ha sido adjudicada, comenzarán previsiblemente en la próxima primavera. Para más adelante quedará el segundo capítulo de la rehabilitación de la iglesia. Habrá que esperar a otra nueva mirada hacia Montes.
Y esa mirada puede arrojar aires nuevos. La fase definitiva de la restauración del templo debe incluir, según está previsto, retirar la capa de cal que cubre las paredes por el interior. “Debajo algo aparecerá”, apunta Algorri. Porque “la idea que tenemos ahora de las iglesias antiguas desnudas de imágenes en los muros es una falsedad. Antes estaban ricamente decoradas con pinturas”.
Esas pinturas están ahí, protegidas por la última capa monótona. Esperando que la nueva mirada las saque a la luz. Como ocurrió en la vecina Peñalba, donde la cal ocultaba uno de los más imponentes ciclos de pintura medieval que se conservan. Lo que aparezca en Montes no alcanzará esa relevancia, pero sí que añadirá un poco más de valor y de vida a la serena belleza del edificio.
Y la vida del monasterio es la vida del pueblo que le rodea. “Montes y el monasterio tienen una relación simbiótica”, señala Algorri. “La pérdida de la población de Montes sería letal para el monasterio y si no se interviniese en el monasterio, sería letal para Montes”, explica.
Así que esta mirada que las obras animan a hacer ahora hacia el monasterio es una mirada hacia las gentes que aún conviven con sus muros. También hacia la historia que conservan en medio de una naturaleza tan hermosa como agreste. Es una mirada, en definitiva, hacia el futuro de un territorio mágico que todavía tiene mucho que decir si se le presta atención.