La iglesia católica española vuelve a evidenciar sus problemas con el octavo mandamiento. Su última ocurrencia ha sido la de iniciar una campaña antiabortista mediante carteles en los que puede verse a un bebé junto a un lince ibérico, asegurando que en este país se protege más a algunas especies animales que a las propias personas. Con ello, la iglesia engaña y trata de manipular al personal aprovechando la tierna imagen de un crío de varios meses en lugar de utilizar la de un embrión. Pero a base de falsear la realidad, la equiparación entre aborto y asesinato comienza a ganar credibilidad.
La ley del aborto no obliga a las mujeres a abortar, pero facilita las herramientas necesarias para que quien tome esa decisión pueda hacerlo con garantías de cobertura legal y sanitaria. Por tanto, que la iglesia predique sin manipular a sus fieles y respete al ciudadano que se rige por el Derecho Civil, el Código Penal y la Constitución y no por el Catecismo y el Derecho Canónico.
Hace sólo unos días, la Conferencia Episcopal calificó de inaceptable que un hospital sevillano salvase la vida de un niño gracias al trasplante recibido de su hermano menor, seleccionado genéticamente para que naciese libre de su misma enfermedad.
Por todo ello, propongo una campaña que muestre a un lince junto a un obispo, para demostrar que la fauna más protegida en España es la propia iglesia católica, vía IRPF. O una en la que aparezca el coste total de la campaña de carteles junto a uno de los millones de niños que mueren anualmente de hambre en el mundo.
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