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PROMOCIÓN / Los ríos de León

El Cúa, un río que nace de nieve y desciende entre mosto y carbón

La Crónica entrega el domingo un nuevo libro-DVD de la colección ‘Los caminos del agua’

El Cúa ofrece uno de los recorridos más variados e intensos que se pueden encontrar siguiendo las riberas de los ríos de la provincia de León. MIGUEL SÁNCHEZ / PURI LÓPEZ

Fulgencio Fernández León
El blanco manto de pureza que cada invierno cubre el valle de Fornela nos deja gotas que gestarán fuentes, que alimentarán regatos y se unirán en arroyos que formarán juntos el río Cúa”, un río que nace de nieve y crece de mosto, el protagonista de la entrega que este domingo llegará a los lectores de La Crónica de León dentro de la colección ‘Los caminos del agua. Los ríos de León’. Una nueva entrega doble (un libro de 36 páginas con fotografías en color, y un DVD de media hora) que lleva textos de Francisco Javier García Montes; fotografías de Miguel Sánchez, Puri Lozano; la imagen de Alberto Alba Lago y la locución de Ana Rodríguez. Toño Caminero es, de nuevo, el autor de la música del inicio del recorrido y la música elegida es de Schubert.
Este Cúa que nace de nieve recorre el Valle de Fornela en sus primeros metros. Pueblos como Guímara, Trascastro, Chano, Peranzanes, Cariseda, Faro, Fresnedelo, San Pedro de Paradela... pueblos pequeños y tal vez olvidados pero que nos van dando una imagen de los tesoros que nos puede ofrecer. En Chano ya vemos, por ejemplo, su castro, uno de los mejor conservados de la provincia, su molino y unos parajes de montaña en los que los corzos campan a sus anchas, como los reyes del lugar que son. Unos metros más abajo se celebra la famosa romería de la Virgen de Trascastro, una de las más concurridas y originales de la provincia. Hasta allí acuden cada 15 de agosto gentes de toda la comarca (y otros muchos llegados de muy lejos) para ver los bailes de los danzantes que van subiendo desde cada pueblo. Para que se les distinga los de Peranzanes se visten de blanco, los de Chano lo hacen de oscuro y la Virgen de cada pueblo permanece en la ermita.
Cierran el recorrido por el valle otros rincones como Cariseda, viva imagen del ambiente bucólico.
Sigue el Cúa después por el valle de Fabero, tierra de mina y mosto. Allí se intuye la presencia de la minería, en las construcciones que se mezclan con las tradicionales, en las escombreras que se mezclan con montes que fueron tan paradisiacos como los de Fornela... pero nadie le puede negar que fue el motor económico de la comarca durante décadas.
Pero no supone que no haya rincones privilegiados, como Sésamo, un balcón sobre el valle con sus preciadas pinturas rupestres, las más importantes de la provincia; como El Espino, rodeado de castañares; como Vega de Espinareda, que creció a la sombra del monasterio benedictino de estilo neoclásico... Y Cacabelos, Castro Ventosa, Carracedo y su monasterio, Camponaraya... mucho.

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