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LEONESES EN LA MEMORIA

El último deseo de Charo

Documentación de la donación de los terrenos por parte de Conrado Blanco. M.C.C.

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Manuel C. Cachafeiro León
El recuerdo de Charo está presente en más de una veintena de cuadros que decoran su nueva casa. No es la vivienda de La Bañeza que compartieron tantos años, sino una colindante a la que Conrado se mudó viviendo aún su mujer porque tenía ascensor. Los cuadros formaron parte de una exposición que Escarpizo -pintor de Astorga y amigo- le planteó el mismo día de su entierro y a la que se sumaron artistas leoneses como Agüero, Gómez Domingo, Barthe, ‘Toño’, Antonio Odón…. Aquel trabajo fue recogido en un libro que evoca el mejor de los pasados. Charo y Conrado. Conrado y Charo.
Sin conocer al menos unas pinceladas de la personalidad de Charo González no se podría entender el motivo por el que Conrado Blanco —cronista oficial de La Bañeza— ha donado esta semana más de 16.000 metros cuadrados junto a las antiguas piscinas de La Bañeza para un parque infantil. “Mi padre también era una persona muy altruista”, dice Conrado para restar importancia a un gesto que pocas veces se ve en la provincia de León. En los últimos años, de hecho, apenas han surgido casos como el reparto de una herencia entre los pobres de Sahagún o una donación para la nueva iglesia de La Lastra, en León capital.
En la nueva casa, junto a la Plaza Mayor de La Bañeza, no sólo está omnipresente en las paredes la mujer con la que compartió 50 años de vida, desaparecida hace pocos meses. También está en fotos que se acumulan en los muebles y en una mesa de comedor donde trata de ordenar viejos recuerdos.
Conrado es el “alma” de La Bañeza, como le definió el poeta bañezano Francisco Javier Rodríguez. Y es así por muchas razones. No sólo porque sea el cronista oficial, o porque esta semana haya decidido donar una finca de 16.000 metros para un gran parque infantil. Por cierto, al final serán 30.000, tras una nueva donación que se concretará en cuestión de días. “La Bañeza no tiene un gran parque infantil. Eran fincas de Charo y mías que ahora llevarán su nombre. Alguna vez nos lo habían sugerido desde el Ayuntamiento. Ahora creo que había llegado el momento”, explica Conrado, triste por el recuerdo de su mujer, pero orgulloso por contribuir, una vez más y a su manera, al bien común de los bañezanos.
Conrado tiene 87 años. A primera vista se conserva muy bien, aunque él lamenta que no pueda leer por sus problemas de vista. “No veo y no puedo hacer cosas que antes hacíamos Charo y yo”, explica. Conversador, afable, generoso... En la exposición organizada con los cuadros de su mujer dejó una cesta con otros de los muchos libros que ha editado sobre La Bañeza. Un cartel decía: “Que los lleve el que no tenga”. En total repartió más de 3.000 libros.
La pareja formada por Charo y Conrado fue durante muchos años la ‘embajada’ de La Bañeza por congresos, excursiones, charlas… En Madrid, donde residieron varias décadas, hicieron de la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional su segunda ‘casa’. Su mayor ‘premio’ fue el día que encontraron el Real Arancel que dieron los Reyes Católicos a la entonces villa de La Bañeza donde se reflejaban los impuestos que pagaban los bañezanos en 1502. “Se sabía de su existencia, pero faltaba la prueba. Lo encontré en un pleito contra los condes de Miranda, también marqueses de La Bañeza, que hicieron los arrieros”, dice con una memoria envidiable.
La Bañeza es para Conrado su razón de ser. “La Bañeza —así la define él— es un pueblo dinámico, gente trabajadora que también vino de muchos sitios. Venían al mercado y se quedaban”. Su propia familia responde a ese perfil: por parte materna, vendedores de alubias, y por paterna, confiteros desde hace 200 años. Para Conrado, la rivalidad entre La Bañeza y Astorga es más una leyenda urbana que real y prueba de ello es que en el premio de poesía que lleva el nombre de su padre, Conrado Blanco León, ha habido años con más astorganos que bañezanos en el jurado. Entre las miles de curiosidades de su archivo figura hasta una de las primeras recetas de las mantecadas de Astorga que conserva de su bisabuelo.
La melancolía inunda la vida de Conrado. La donación de los terrenos y un premio de poesía infantil recordarán a Charo y aminorarán la ausencia. La documentación de la finca será entregada en días al Ayuntamiento. Sólo pone una condición: que se haga en un plazo de cinco años. La Bañeza queda en deuda.

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