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LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (V)

La formación de los voluntarios de León, ‘los hijos de Cuesta’

El tenaz Ejército Real se convirtió en Ejército de la Nación Española en una guerra que adquirió tintes de revolución social y política

Los Voluntarios de León atacan a los franceses en la defensa de Logroño, octubre de 1808. En la fallida ofensiva sobre el Ebro las tropas leonesas se distinguirían a pesar de la derrota.

Arsenio García Fuertes PonferradaProfesor del IES Obispo Argüelles
Iniciada la guerra contra el francés, la Junta del Reino de León ordenaría la formación de diez Tercios de Voluntarios. Según el Censo de Floridablanca de 1787, León tenía uno 248.168 habitantes. Ello daba una población en edad militar (de los 17 a los 45 años) de unos 40.000 varones.
Según el sacerdote Juan Posse, testigo de aquellos días, los diputados de la Junta de León:
“Muy presto comenzaron a ejercer actos de soberanía, mandando alistar los mozos, indiferentemente, en toda la provincia, sin atender a su talla e hidalguía. Nombraron oficiales a su gusto, sin atender a si tenían luces y conocimientos necesarios, colocándolos según sus empleos o amistades…”
La Junta leonesa a través de las Juntas Locales, las Justicias y Párrocos rurales fijaría un cupo final de unos 8.000 alistados, con otros 8.000 en reserva. Con ellos se formarían a lo largo de Junio diez Tercios o Batallones de Infantería (de 600 hombres cada uno), y un Batallón más con 300 estudiantes (los ‘Ilustres Escolares de León’). Cada Batallón se nutriría con naturales de cada Comarca leonesa para dar más cohesión a los reclutas.
Estas tropas fueron armadas con 8.000 fusiles traídos de Oviedo por arrieros maragatos. El hombre que organizaría este alistamiento sería el ex militar guipuzcoano Ramón Martínez y Gutiérrez (nombrado Mayor General de Armamento). En pocos días se elegirían a los comandantes de los diez Tercios de León: 1º Tercio, el Ayudante Mayor de Milicias José Zapino; 2º Tercio, el Teniente Felipe Zamora; 3º Tercio (’Batallón Clavijo’), el Subteniente Fernando Capacete; 4º Tercio, el Capitán Alejandro Hoza; 5º Tercio, el Teniente de Guardias de Corps Federico Castañón; 6º Tercio, el Guardia de Corps Carlos de Villapadierna; 7º Tercio, el Guardia de Corps Alejandro Gómez de Cosío; 8º Tercio, el Guardia de Corps Félix Alvarez de Acevedo; 9º Tercio(’Voluntarios del Bierzo’), el Capitán José Pirez, y para el ‘Tercio Escolar’ a los Guardias de Corps Juan Siero e Isidro Díaz.
El primero de los cuerpos leoneses en entrar en combate sería el Tercio 2º de León. Seiscientos leoneses al mando de Felipe Zamora, partirían hacia Valladolid llegando a tiempo de combatir en la acción del Puente de Cabezón del 12 de junio que acabaría en derrota.
El resto de los alistados, con muy poca instrucción y unos cuadros de oficiales improvisados, fueron remitidos al Cuartel General en Benavente. Allí, el general Gregorio de la Cuesta les amalgamaría en tres Tercios de Voluntarios, con 800 hombres repartidos en cuatro compañías. Estos serían los que participarían en la batalla de Medina de Rioseco del 14 de Julio de 1808.
Uno de ellos, el 3º Tercio (los voluntarios de Astorga) se cubriría de gloria. Perdida la batalla, enarbolaron el viejo Pendón medieval de ‘Clavijo’ y protegieron la retirada del Ejército de Castilla, cargando a la bayoneta contra los franceses a los que obligaron a retroceder.
Para aquella primera campaña, los Voluntarios leoneses no dispusieron de uniformes. Los alistados vestían las ropas del país. Únicamente se confeccionaron escarapelas rojas para colocarlas en los sobreros y brazaletes que los identificaban como soldados.
Tras esta primera derrota, los franceses ocuparían León, desbandándose las tropas de Voluntarios. Sin embargo, la victoria del Ejército Español en Bailén haría retroceder a los franceses hasta el río Ebro.
La Junta de León volvería a encargar al Mayor General Gutiérrez que reuniese en Riello a los Voluntarios leoneses. Esta vez, la organización de los cuerpos se hizo de manera menos apresurada. Se contó igualmente con la aportación de cinco millones de reales de plata que el Gobierno británico concedió a la Junta de León para equipar a sus tropas. Sería Luís de Sosa el que conseguiría dicho dinero de manos del cónsul británico en Gijón.
Esta vez se decidió agrupar a los 8.000 alistados en cinco regimientos de Infantería de línea de Voluntarios de León de a dos batallones. A estos se unirían dos batallones ligeros: el de Cazadores y el de Escolares de León. Todos integrarían la llamada ‘División Leonesa’.
Finalmente, se encargaría la confección de uniformes para los nuevos regimientos leoneses. Serían de tela basta y color pardo, con divisas en las pecheras y puños de diferentes colores para distinguir a cada unidad. Los sombreros serían de copa o chistera (lo más parecido al chacó utilizado por los soldados imperiales).
En este punto comenzarían las discordias entre el general Cuesta y parte de la Junta de León presidida por el ex ministro Antonio Valdés. El segundo quiso unir a la Junta de León con la de Galicia, intentando poner las tropas leonesas fuera del mando de Cuesta y a las órdenes del general Blake. Ello llevó a una unánime declaración de lealtad de las Juntas Locales de León y de las tropas leonesas reclutadas hacia el general Cuesta. Incluso, el Regimiento de Milicias Provinciales de León desertó del Ejército de Galicia para unirse al viejo general castellano.
Así quedaría el Cuadro de mandos:
Regimiento Nº 1º de Voluntarios de León, Coronel José Zapino. Regimiento Nº 2º, Coronel José Baca (capitán retirado de la Milicia Provincial). Regimiento Nº 3º, Coronel Tomás Sánchez (Capitán de Milicias retirado). Regimiento Nº 4º, Coronel Federico Castañón (Teniente de Guardias de Corps). Regimiento Nº 5º, Teniente Coronel, Leandro Osorio Quindós (Capitán de granaderos retirado). Batallón ligero de Escolares, Comandante Interino Vicente Bernal (Abogado). Batallón ligero de Cazadores de León, Teniente Coronel Felipe Zamora (Teniente de granaderos).
Estas tropas leonesas marcharían rápidamente hacia el río Ebro, en septiembre, para tratar de contener la contraofensiva de la GrandArmée de Napoleón que trataba así de vengar Bailén
Llenos de coraje pero en gran inferioridad, los pequeños ejércitos españoles fueron derrotados, uno tras otro, por la fulgurante contraofensiva imperial.
A las puertas de Burgos, en el pueblo de Gamonal, los Escolares de León tendrían su bautismo de fuego en la batalla en la que sería derrotado el Ejército de Extremadura. A pesar de ello, reagrupándose, conseguirían retirarse hacia León.
Los regimientos de línea llegarían a Logroño. Allí participarían en la fallida defensa de la ciudad ante las fuerzas imperiales del mariscal Ney. Nuevamente el regimiento 3º de Voluntarios de León se cubrió de gloria; con la ayuda del batallón de leales Numantinos de Soria (en una batalla olvidada que no sale en los libros de historia), combatiría durante tres días con sus noches en el pueblo de El Cortijo. Allí, sobre un recodo del río Ebro, impidieron bajo la lluvia el paso de las tropas francesas que intentaban llegar a Logroño. Cuentan las crónicas que faltos de víveres se alimentaron solo del vino que encontraron en una bodega.
Perdida Logroño y disuelto el Ejército de Castilla, muchos cazurros regresarían andando por las montañas hacia el León para volver a seguir combatiendo. Es fama que el general Castaños, enfrentado al general de Castilla, les llamó “los Hijos de Cuesta”, calificativo despectivo que ellos adoptaron con orgullo.
Algunos de ellos, dirigidos por el coronel Federico Castañón, se retirarían desde Logroño a Zaragoza. Allí participarían en el épico segundo Sitio, viviendo para contarlo y logrando escapar del cautiverio para regresar también a León.

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