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UNA IMAGEN Y 255 PALABRAS


Subir en banqueta
al mítico Naranjo

En Picos de Europa conviven lo eterno, lo antiguo y lo nuevo; la leyenda y la cruda realidad, el mito y la historia. Y todos sus aromas y esencia pueden estar reunidos en una vieja ventana de una restaurada pared. Allí se refleja la eternidad del Picu Urriello, la antigüedad de las banquetas y las maderas pintadas de verde, el mito de la montaña inalcanzable y la historia de quienes la alcanzaron: El Marqués y El Cainejo o, lo que es lo mismo, Pedro Pidal y Gregorio Pérez.

La vieja ventana, de una casa de Camarceño en la vertiente asturiana de Picos, parece querer recordarnos a los leoneses que un paisano nuestro, El Cainejo, subió ‘en banqueta’ al singular noble asturiano hasta la cumbre del mito, el Naranjo o el Picu, donde abrieron dos botellas de vino para celebrar que eran los primeros en llegar allí y para degustar como corresponde y merece el paisaje que se extendía ante ellos.

El asturiano era un Quijote del pasado siglo, bohemio, primer medallista olímpico español, capaz de ir a Inglaterra a comprar unas cuerdas para ascender y empeñado en subir al Picu; el leonés era Sancho y a él nada se le había perdido en aquella cima pero ‘si el marqués quería subir él sabría los motivos’. Caminaron juntos, uno en su caballo de sueños, el otro en sus madreñas de las realidades, y subieron hasta el alto que refleja la ventana.

Pero la gloria siempre fue para Don Quijote, Sancho sólo es el de al lado.

df
Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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