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COMER Y SORBER POR... /

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En la mesa de la esquina, ante unas cañas de cerveza y unos pinchos de anilla de calamar a la romana, se debate y se discute sobre las cosas que nos preocupan y que últimamente nos ocupan demasiado. El asunto no podía ser otro: la crisis, la machacona y pesada situación económica que nos tiene a los comensales enfrascados y enfrentados a todas horas. Hay un estado de pesimismo generalizado, de desconfianza profunda sobre todo cuanto nos rodea, nadie se fía de nadie, todos nos miramos de reojo y procuramos mantener la espalda a cubierto. Este es un tiempo inhóspito y cainita, en el que se pretende muñir gobiernos, exigir dimisiones, propalar rumores, quebrantar honras y socavar prestigios.
Los jefes de cocina de los gobiernos de medio mundo andan desorientados, tratan de conseguir recetas imposibles que les acerquen a la clientela, condumios económicamente asumibles que sacien suficientemente a sus feligresías para que éstas se mantengan prudentes y pacientes. Empiezan a ser conscientes de que a los comensales se les agota la paciencia, que ya hay millones de ellos a los que ya se les han agotado las reservas de sus despensas y empiezan a asomar los síntomas de otras épocas tristes y siniestras de la historia, donde la injusticia, el miedo y la necesidad se apodera del ánimo del buen comensal y el sobrevivir se convierte en el objetivo fundamental a costa de lo que sea menester.
Es fundamental que se encuentren o se inventen recetas adecuadas que nos devuelvan al esplendor de los buenos tiempos, ya que de no ser así, los fantasmas del hambre galopando a lomos de los caballos de la necesidad tratarán de saltar por encima de las normas y las buenas maneras para hacerse con el sustento debido. Ojalá que el milagro se produzca y los comensales recuperen la dignidad, la libertad y haya pan para todos.
No estarían nada desacertados nuestros jefes de cocina si conviniesen que en tiempos de dificultad, de escasez y necesidad, la fórmula magistral que a todos conforma y reconforta no es otra que la redistribución justa y equitativa del condumio, dar a cada cual según sus necesidades y exigir de cada cual según sus posibilidades, sólo desde esta vieja y utópica receta será posible que los fantasmas del hambre permanezcan invisibles y que los caballos de la necesidad pasten relajados en las praderas de la calma.
El comer todos los días es un forma de calmar y conseguir que ese anarquista que todos llevamos dentro se quede adormilado y no aflore al exterior la bestia que nos habita, por tanto comamos, sencillo, pero bien cocinado:

HÍGADO DE TERNERA Y PIMIENTOS
Ingredientes (4 comensales): 8 filetes de hígado de ternera / ½ kilo de pimientos verdes para freír / 2 dientes de ajo / perejil / pan rallado / aceite / y sal.
Preparación: Cortamos los pimientos a los largo, les retiramos las semillas y los salamos. En un recipiente ponemos los filetes de hígado junto con los ajos y el perejil bien picados, rociamos con un buen chorro de aceite dejando en adobo como una hora.
En una sartén con aceite bien caliente freímos los pimientos. En otra sartén, con aceite también caliente, doramos los filetes de hígado previamente escurridos, salados y pasados por el pan rallado.
En una fuente para servir colocamos los filetes de hígado ya fritos y los rodeamos de los pimientos fritos.
Le irá bien un vino tinto joven, a ser posible de la tierra, y de postre una

COMPOTA DE MANZANA
que elaboraremos con: 1 kilo de manzanas a las que pelaremos, trocearemos y retiraremos las semillas para a continuación en una cazuela colocar los trozos de manzana y espolvorear con 10 cucharadas de azúcar; cubrimos con agua.
Ponemos la cazuela a fuego normal y dejamos hasta que las manzanas estén blandas. Dejamos enfriar y está lista para su degustación.
Buen provecho, y que nuestra paciencia siga siendo inmensa y capaz de soportar las situaciones más difíciles que a lo largo de la vida se nos puedan presentar.

(*) Felipe Rubio Carracedo comensal-impert@terra.es

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