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ENTREVISTA / Pablo Vázquez / Director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea)

“En una segunda crisis financiera las cajas provinciales tendrían mucho riesgo”

El director de Fedea, Pablo Vázquez, durante la entrevista. ICAL

ical
Madrid
La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) acaba de ser galardonada con el Premio Infanta Cristina de Economía, que su director, Pablo Vázquez, recogerá mañana en Burgos. Con la crisis financiera y económica, los motores de Fedea están al rojo vivo y todos los investigadores están centrados en buscar soluciones. Además, Vázquez apuesta por la integración o fusión de las cajas de ahorro como único medio de evitar los riesgos y de que, en lo que denomina segunda ronda de la crisis, algunas, las más pequeñas, se vean abocadas a la desaparición.

Brevemente, ¿qué es Fedea?
Fedea es un productor de ideas; una fábrica en la que, en lugar de chorizos, se hacen ideas. Se creó hace 23 años con el objetivo de promover la investigación en la economía aplicada, para que los conocimientos académicos llegaran a la calle. Durante mucho tiempo nos hemos centrado en el estudio de las pensiones y el mercado del trabajo. De hecho, Fedea fue el pepito grillo que denunciaba un problema con las pensiones, lo que entonces fue el comienzo del Pacto de Toledo. Ahora hemos abierto una nueva etapa para llegar a más problemas: medio ambiente, inmigración...

Una fundación de estudios económicos en estos momentos que atravesamos tiene que estar al rojo vivo.
Sí, la verdad es que es así. Este año los investigadores hemos decidido dedicar todo nuestro esfuerzo y trabajo al tema de la crisis. Todo el mundo aquí, hoy, está trabajando en buscar soluciones a la crisis porque nos parece que España nunca ha estado en una tan profunda.

¿Cree que una crisis de esta magnitud se venía venir?, ¿se podía haber previsto?
Todos sabíamos que venía, que el modelo de crecimiento de la economía española estaba llegando a su fin porque los precios de la vivienda estaban muy sobrevalorados, pero no sabíamos exactamente cuándo ni en cuánto íbamos a caer. La conjunción de la crisis financiera de fuera con la crisis económica de cambio de ciclo ha sido una confluencia muy negativa. La crisis está siendo mucho más dura de lo que podíamos pensar y, por otro lado, mucho más grave, con efectos de empleo más perniciosos. Tenemos que coger a todas las personas que trabajaban en el sector de la construcción y llevarlas a otro sector, pero el parón ha sido brutal y hoy no existen en la calle 600.000 puestos de trabajo (el desempleo en la construcción) esperando a que alguien los ocupe.

¿Se debía haber actuado antes contra la burbuja inmobiliaria si se predecía que podía estallar?
Predecíamos que se acababa, que no íbamos a seguir creciendo tirando sólo de la construcción y del turismo, era una barbaridad, pero todo el mundo esperaba que hubiera sido lento. La crisis financiera hace que todo se vuelva más brusco. ¿Quién es culpable? Todos un poco, hemos comprado casas esperando que al cabo de unos años valieran más y eso no está tan claro. Los coches no valen más. Todos nos hemos montado un espejismo, un convencimiento social. Los gobiernos no decían que no y la sociedad en su conjunto estaba contenta. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y confiado en activos que realmente no valían eso. Hemos confiado en un activo fantástico.

Se da por hecho que llegaremos a los cuatro millones de parados o que incluso se superarán, ¿podremos soportar esa cifra?
Claramente llegaremos a los cuatro millones de parados este año. No veo por qué va a parar, no se ve nada en el horizonte que permita pensar en otra cosa. El fondo para los ayuntamientos puede tener un efecto, pero muy temporal. ¿Puede vivir la sociedad? Sí, este país tiene capacidad para asumirlo porque hay una red de seguridad que es la familia. Pero soportarlo puede ser bueno o malo, porque este país necesita una serie de reformas muy profundas. No es planteable seguir con la dualidad contrato temporal e indefinido. También hace falta reformar el sector público, que eses poco eficiente, y acabar con una justicia del siglo XIX. Hemos vivido muy bien pero llevamos 15 años sin hacer reformas en condiciones y ahora toca. De lo contrario, podemos caer en el modelo italiano, una sociedad rica que lleva diez años languideciendo.

¿Por qué no se están llevando a cabo esas reformas?
Las reformas tienen costes, y costes altos. A veces se llevan por delante a gobiernos. Entonces, es muy normal que los gobiernos nacionales, autonómicos o locales, del signo que sean, se resistan a hacer reformas, porque tienen costes. Siempre hay perdedores y ganadores. En España hemos ido un poco retrasados negando la crisis al principio y hemos perdido casi un año, un tiempo que era muy precioso. En estos momentos necesitamos ministros reformistas, con prudencia, pero sí haciendo cosas.

¿Se ve el final del túnel?
El momento de salir depende de un montón de variables que ahora mismo se desconocen. La primera, cuándo sale EEUU. Serán los primeros porque tienen el mercado más flexible. La segunda, cuándo se arreglará el sistema financiero, que sigue estropeado. Lo cierto es que todavía no tenemos ni idea, pero en el 2009 seguro que no.

Unicaja y Castilla-La Mancha acaban de anunciar su fusión. En Castilla y León se trabaja por una integración de las entidades de ahorro.
La integración es una buena estrategia, en este momento sí. En esta segunda ronda de crisis financiera va a caer gente. Una caja rural provincial tiene mucho riesgo, porque cubre una zona muy concreta y si ésta se deprime nadie le va a devolver los créditos. El riesgo es mucho más grande. Tiene sentido la integración precisamente por esto, por diversificar el riesgo, por ampliar la zona de riesgos. En cualquier caso, creo que la gobernanza de las cajas de ahorro debe replantearse. Debemos pensar si tiene sentido que en el siglo actual siga habiendo un modelo de cajas de ahorro en el que los poderes públicos tienen un peso tan importante. Esto no sólo afecta al sistema financiero, y mucho, sino a toda la comunidad en la que se asienta. Las cajas me dan cierto miedo. Si un banco lo hace mal la sociedad le penaliza, pero en una caja no está claro quién penaliza cuando se toman decisiones arriesgadas. Esta crisis debería servirnos también para mejorar los órganos de dirección de las cajas yendo a un modelo más despolitizado, lo que no impediría que siguieran realizando su labor social.

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