Decía Z, mientras marcaba un guiño de complicidad desde el estrado, que León tiene ganas de avanzar y que terminará perfectamente dotada. El presidente, aprovechando un reencuentro con la familia y la montaña, dijo que comparte con todos los leoneses su aspiración por conectar con fuerza esta tierra al siglo XXI, mediante el desarrollo en infraestructuras. Si Zapatero piensa que León terminará estando bien dotada, es que piensa hacerle un lifting y de paso un tratamiento con silicona.
León dista ahora mismo de ser esa ciudad que él disfrutaba los fines de semana cuando venía del Congreso siendo el diputado más joven y con más futuro y analizaba con soltura los problemas desde la sede de Suero. Sonsoles, su esposa, ya no pasea por los bulevares ahora secos y por entonces primaverales y espléndidos en la mañana del domingo.
Esta ciudad es hoy como una de esas mujeres que llevadas por la dejadez, termina recluida en sus recuerdos, y ve cómo ciudades vecinas se muestran mejoradas por el halago y la atención de los poderosos. Ponferrada despega y es verdad que conecta con el siglo XXI. Todos hablan maravillas de la capital del Bierzo, que encima recibe tropecientos millones de Europa para ser emplazamiento europeo de referencia en la investigación de combustión limpia, y en la captura del dióxido. En León, cuando éramos –lo reconozco y lo lamento– escépticos y reacios ante el proyecto del Inteco apareció Enrique Martínez con voluntad de hierro. Y en el Musac, Rafael Doctor para impulsar lo moderno. Nos dejan los pocos que valían para algo.