Las disoluciones de sociedades mercantiles se han reducido en un 66%
L.C. León
La recesión económica es más que evidente y no corren buenos tiempos para la aventura empresarial. Los datos son elocuentes, en los primeros dos meses del año el número de nuevas empresas se ha reducido en un 48%, pasando de las 167 de enero y febrero de 2008 a las apenas 87 del mismo periodo de este año, según los datos ofrecidos por Informa D&B.
Una importante reducción que es un dato significativo de la paralización de la iniciativa empresarial, debido sobre todo a las pocas posibilidades de financiación de nuevos proyectos por los exigentes requisitos que piden actualmente los bancos y cajas de ahorro para financiar estas iniciativas.
Una falta de liquidez que afecta gravemente a las empresas, especialmente a las pymes, y que también se ha convertido en un difícil obstáculo para la creación de nuevas empresas y con ellas la de nuevos puestos de trabajo.
Además, la reducción en la constitución de sociedades en la provincia ha sido mayor que en el conjunto de la Comunidad Autónoma, que vio reducir su ritmo de creación en un 44%. Un descenso que también ha sido superiora la media nacional que se quedó en el 41%.
Uno de los pocos datos positivos ha sido el de disoluciones empresariales, cuyo número también se ha visto drásticamente reducido, y aunque no compensa el importante descenso registrado en la creación de nuevas empresas si maquilla levemente este dato.
Así, durante los meses de enero y febrero en León se disolvieron un total de 16 sociedades, un 31% menos respecto a las 47 del año pasado.
Un descenso que es superior al registrado en Castilla y León, un 24%, y en España, un 10%.
Por su parte, las fusiones empresariales son prácticamente inexistentes ya que durante los dos primeros meses del año apenas se produjo una, por ninguna el año pasado.
Pesimismo
La patronal es pesimista sobre la evolución de los próximos meses ya que consideran que las medidas puesta en marcha no están ayudando a las empresas a conseguir la liquidez necesaria para garantizar su futuro a corto y medio plazo, y mucho menos para animar al empresariado a aventurarse en la constitución de nuevas empresas, para las que se necesita un capital que de momento aguarda acontecimientos y que difícilmente se puede conseguir a través de las entidades financieras, que siguen con el grifo cortado.