León es una ciudad entregada a su Semana Santa. Muchas tiendas ponen su particular procesión.
En la imagen el escaparate de la cafetería Vitoria. REPORTAJE GRÁFICO DE MAURICIO PEÑA
Manuel C. Cachafeiro León
Recorriendo las calles de León se puede entender el sentir de una ciudad que vive como ningún otro momento del año los días de Semana Santa. Aunque llueva, nieve o haga mal tiempo. Son muchos los escaparates que se engalanan con papones y motivos de Semana Santa, sin olvidar las confiterías y hasta algunas panaderías que visten de cofrades sus hogazas y barras de pan. Y cómo no: la limonada, el bacalao y el Barrio Húmedo.
León no tiene tantas obras de Gregorio Fernández como Valladolid, ni imágenes románicas de gran valor como Zamora, pero sí imágenes de gran devoción. Alguna de calidad, o cuya valía se la han ganado a pulso. Son, por ejemplo, ‘El torero’ —el paso de El Expolio de la procesión de Los Pasos—, o ‘El gallo’ —La Flagelación—. O Nuestro Padre Jesús Nazareno. O el ‘Dainos’, o en plan más popular el ‘Tachenco’ de la procesión del Perdón, una imagen que recuerda a aquel jugador ruso de baloncesto de lo años 80.
Los bares cofrades son otro de los templos de cómo se vive la Semana Santa en León. El ‘Vergara’ en la carretera de Asturias, que se llena de carteles de toda España, o el bar cofrade de la bajada desde Fernández Cadórniga a la plaza del Grano.
Ni siquiera la II República prohibió los desfiles procesionales en León. Las autoridades de aquella época, de la que tanto se habla ahora, lo tuvieron claro: «Nada debe haber de malo en los desfiles —se decía en la prensa leonesa de la época—, que han contribuido al desarrollo de artes tan españolas como la de la imaginería o la talla policromada». Y se añadía: «No es raro que personas que han perdido la fe conserven respeto por las procesiones de Semana Santa».
La Semana Santa de León tiene hoy también una indudable vertiente económica. Pese a la dura competencia de Zamora o Valladolid, muchos madrileños, asturianos, vasco y catalanes prefieren León. Por su Semana Santa y también por el ambiente de sus calles. En opinión de la concejala de Turismo, Susana Travesi, «León tiene un atractivo especial, porque toda la ciudad vive la Semana Santa: bares, restaurantes, tiendas...”.
Travesi, no obstante, cree que aún es necesario una mayor implicación de la ciudad. Y sobre todo un mayor apoyo económico a las cofradías. “El Ayuntamiento es el que más hace: personal, servicios de limpieza... pero se necesita un poco más”, señala la edil.
El casco antiguo de León se convierte en su escenario difícilmente superable. Sus calles estrechas, sus monumentos, sus plazas, pero también sus bares, la limonada, el bacalao, las chapas... Muchos hosteleros leoneses guardan celosamente la composición de la bebida más semanasantera, tanto o más que los canónigos de San Isidoro el vino que se bebe en Jueves Santo desde hace siglos. ‘Marquitos’, el mesonero de la ‘Bodega Regia, hace una recomendación para tomar limonadas: «Hay que tomarlas siempre en el mismo sitio”. Así se evitará que se suban a la cabeza. La Semana Santa de León también debe mucho a sus cronistas. Cayón Waldaliso, Crémer, Ema, Pastrana. ¿Qué tiene que no tenga otra? “No se parece a ninguna”, coincidían todos.