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LA VERDADERA HISTORIA DE GENARÍN

Más extraño que la ficción

La originalidad con un punto de excentricidad de Charlie Kaufman y el frenesí visual de Oliver Stone se dan cita en ‘Bendito canalla’

La leyenda del santo bebedor. La historia del pellejero Jenaro Blanco, arrollado por el progreso en forma de primer camión de la basura aparecido en el León de 1929, ha encontrado una inteligente traslación al cine en ‘Bendito canalla’.

Joaquín Revuelta León
Siempre he creído que los foráneosterminan por comprender mejor los asuntos locales que los propios lugareños. En el cine por ejemplo tengo muy claro que un director como el británico Ken Loach ha sido el artífice de la mejor película realizada hasta la fecha sobre la Guerra Civil española, como es ‘Tierra y libertad’. Viene esto a cuanto por la gratísima experiencia vivida el pasado viernes viendo en una de las salas de los cines Van Gogh ‘Bendito canalla (La verdadera historia de Genarín)’, un originalísimo docudrama o falso documental (se trata de una de esas propuestas de difícil catalogación a nivel de género) que aúna a mi juicio la singularidad (con un punto de excentricidad) de los guiones del estadounidense Charlie Kaufman que se mueven con soltura en esa imperceptible frontera que separa realidad y ficción, vida y representación, y el frenesí visual del Oliver Stone de ‘J.F.K.’ o de ‘Asesinos natos’ bajo la influencia de los alucinógenos, salvando eso sí las debidas distancias, que esta vez nada tienen que ver con la capacidad creadora de los susodichos Kaufman y Stone con relación al arquitecto y cineasta Ignacio López Chueca sino a los muy dispares presupuestos manejados por unos y por otros a la hora de llevar a buen puerto sus respectivos proyectos.
El propio director reconoce en el pressbook de la película que a la hora de hablar de ‘Bendito canalla (La verdadera historia de Genarín)’ esnecesario citar entre las referencias más directas en cuanto a formato, textura y ambiente varias obras maestras de la docu-ficción, como pueden ser ‘Zelig’ de Woody Allen (este comentarista también incluiría ‘Desmontando a Harry’ por la propia estructura deconstructiva de la película), ‘Intervista’ de Federico Fellini (en realidad estamos ante una propuesta de lo más felliniana con unos ambientes de burdel que sin duda remiten a los reflejados por el director de Rimini en ‘Amarcord’ o ese plano final donde se pone de manifiesto el propio artificio cinematográfico como tuvo a bien mostrar Fellini durante el rodaje de ‘Roma’) o ‘Fraude’, la última y genial película de Orson Welles que arroja no pocas luces y sombras sobre la propia leyenda del santo bebedor. Aunque no le falta razón a Chueca a la hora de mencionar estos ilustres precedentes para justificar de algún modo lo que él ha pretendido construir o deconstruir en ‘Bendito canalla’ , su propuesta tiene la suficiente autonomía y vida propia como para erigirse de entrada en un pequeño hito del cine leonés, en una película que ha sabido sacar partido de los materiales (a veces de derribo) a su alcance para verter a través de ellos una mirada lúcida e irónica sobre los propios mecanismos de construcción de los mitos populares y la perseverancia de las leyendas que terminan encontrando arraigo en las gentes a pesar o más bien habría que decir gracias a la oposición de la autoridad competente.

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