La Ponferradina desperdicia en un mal partido la oportunidad de abrir más hueco en la tabla
Fuentes recibe la presión de dos jugadores del Ciudad de Santiago. DANIEL
Javier Santiago Ponferrada
El principal enemigo de la Ponferradina parece ser por momentos la propia Ponferradina. Ante el Ciudad de Santiago el equipo se despeñó hacia la ansiedad y desperdició una oportunidad preciosa para dejar casi hecha la clasificación para la fase de ascenso. Esta vez desaprovechó una jornada perfecta en los otros campos y escenificó un nuevo desencuentro con la afición.
El Ciudad de Santiago, un equipo admirable por su profesionalidad y su esfuerzo a pesar de sus problemas económicos, desactivó el juego de los blanquiazules desde el inicio y cerca estuvo de llevarse un premio mayor. Nada más arrancar el partido se encontró con un gol que amarró el incombustible Maikel aprovechando un rechace en el centro del área. El partido se le puso como quería y la Deportiva se dio de bruces con muchos problemas para cambiar el destino.
Pronto quedó claro que los blanquiazules se habían dejado la lucidez en el vestuario. El Ciudad de Santiago se parapetó y empezó a desplegar una presión asfixiante que mantuvo todo el partido y que ahogó la creatividad de la Ponferradina.
Los jugadores de inspiración como Jonathan Valle o Rubén Vega se quedaron sin ideas. Así, cuando el balón asomaba por la frontal del área del Ciudad se estrellaba contra la buena defensa visitante y contra la espesura del juego local.
De este modo, el resto del primer tiempo fue inútil. La Deportiva apenas logró generar peligro y, cuando lo hizo, llegó más a base de arreones que de criterio.
Asomó el descanso como una bendición y, súbitamente, todo pareció cambiar. Entró Portilla con la misión de aportar creatividad y, en un suspiro, la Deportiva logró el empate. Lo hizo, no podía ser de otra manera, a base de voluntad más que de juego. Teo peleó por el balón en el área, rescató un rechace y lanzó un pelotazo que se coló en la red.
Así, la Ponferradina se encontró de pronto con todo de cara para reconducir la tarde. El público se lanzó a espolear al equipo, el Ciudad de Santiago temió la reacción local y todo lo que llevaba color blanquiazul creía en la remontada.
Pero asomó la nube negra. La Deportiva cayó en una inexplicable depresión y acabó sumido en un ataque de ansiedad. Cada pase de tres metros se convirtió en una odisea. Los envíos en largo se caían por el precipicio de la nada. No asomaban desmarques, el balón quemaba y, por momentos, el fútbol se convirtió en un rocambolesco y lamentable ejercicio circense.
Lógicamente, asomó el enfado de la grada. Jugadores como Borreguero o Fuentes trataban de echar mano de la tranquilidad, pero en seguida asomaba una nueva cesión al contrario u otra sesión de equilibrismo sobre el alambre.
Pronto la Deportiva fue consciente de que se le escapaba la opción de incrementar a ocho puntos su ventaja sobre el quinto clasificado. Y, a la vez, empezó a temer incluso por el empate. Coqueteó con la posibilidad de pegarse un tiro en el pie con algún desmán defensivo y se mostró roma en ataque.
La entrada de Ernesto y Fran para airear el equipo por las bandas tampoco cambió el escenario. El partido se fue derrumbando en medio del nerviosismo. De Paula gozó de una gran ocasión tras un pase perfecto del hasta entonces desacertado Rubén Vega, pero también se le apagaron las luces en el mano a mano. Un cabezazo del nueve a falta de diez minutos fue el canto del cisne en ataque de una Deportiva que perdió la convicción y la fe en medio de los nervios.
Y así, el equipo dejó escapar una opción magnífica de vivir casi tranquilo de aquí al final. A cambio, salió del partido con la misma ventaja de cinco puntos a falta de una jornada menos. Buena cosa si logra ahuyentar a la ansiedad.