V.G. León
La crisis está contribuyendo a que se creen los enfermos potenciales para los próximos dos años.
“Por apatía, falta de motivación, crisis personal, problemas en el trabajo o en la economía familiar”. El primer contacto con el juego lleva implícita una de estas causas que convierten un simple entretenimiento en una adicción imposible de controlar cuando ha alcanzado la tercera fase, en la que el jugador pasa de intentar recuperar el dinero perdido a robar o mentir para probar suerte.
Desde el primer contacto con el juego, asegura Mercedes Díez, presidenta de la Asociación Leonesa de Ayuda a los Ludópatas (Aldal), donde interviene la suerte del principiante y se considera el primer acercamiento a la ludopatía, “es el momento de abrir bien los ojos por parte de la familia para evitar que vaya a más”.
A continuación llega la segunda fase, considerada la fase de pérdidas, donde el jugador se empeña en gastar aún más dinero con la intención de recuperar todo lo perdido. “Esta situación ya es crítica para el jugador ya que se encuentra al límite y comenzará a negar que tiene un problema”.
En la última fase, la de ‘desesperación’ ya hablamos de enfermedad. A partir de aquí la ludopatía necesita de un largo proceso de terapias y sobre todo del apoyo de la familia. “El 70% de los que acuden a terapia se recuperan”, añaden.