Del animoso movimiento social que peleó por mantener a nuestro país fuera de la estructura militar de la OTAN, cuando aquel ocurrente “De entrada NO, sino de rodillas” del felipismo, surgió el núcleo fundacional del proyecto político llamado Izquierda Unida. Proyecto de la izquierda plural española que ha sabido mantener su presencia a pesar de los obstáculos e intentos de destrucción que ha venido sufriendo a lo largo de estos veintitrés años. Una ley electoral urdida para instalar un bipartidismo en las instituciones, al cual se ha asociado un trato de favor a los partidos nacionalistas de algunas comunidades autónomas, con la que se corta el paso a la representación democrática de los electores que votan a IU, de tal manera que si el PP y el PSOE necesitan unos 67.000 votos para la obtención de un escaño, a IU la hacen falta casi 500.000 votos para alcanzar ese escaño. Unos medios de comunicación, incluidos los de propiedad pública, que se dedican en exclusiva a publicitar a los partidos mayoritarios, condenando a IU a la práctica invisibilidad ante la opinión pública. Tácticas para romper las direcciones federales de IU, con continuos trasvases de cuadros de IU a los pesebres de otros partidos. Todos esos escollos y muchos otros de no menor eficacia, no han podido hundir un proyecto que a día de hoy sigue contando con una sólida base afiliativa, con un prestigio ganado por la entrega a los intereses generales y la honestidad en un tiempo de corruptelas en el que casi ningún político sale indemne, razones todas por las cuales Izquierda Unida sigue siendo la tercera fuerza política del país, como lo es también de Castilla y León.
Este fin de semana, las compañeras y compañeros de IU-CyL iniciaremos los trabajos de nuestra IX asamblea, de la que han de salir, además de un nuevo Consejo Político, las líneas maestras de nuestro programa de trabajo para los próximos años. Las duras consecuencias sociales y económicas que ha causado el fracaso del neoliberalismo reaccionario, un sistema depredador que en apenas veinte años de vigencia ha llevado a cientos de millones de personas a la miseria, al hundimiento del comercio mundial y al colapso de la economía productiva, exigen de nuestra parte un redoblado esfuerzo por marcar unas vías de trabajo por el desarrollo sostenible, la restauración del Estado social y asistencial, la implantación del Estado de Derecho que hoy está justamente en entredicho y el respeto a la implantación en el mundo de los Derechos Humanos. Unos retos que dan sentido a nuestra labor política y por los que verdaderamente vale la pena vivir.
José María González Suárez es coordinador general de IU-CyL