El gran Gabriel Garrido llega hoy a León con su grupo Ensemble Elyma
Garrido y el Ensemble Elyma nos acercan la música antigua sudamericana.
Fulgencio Fernández León
Aunque la restauración del teatro Emperador sea un asunto que marcha por otros caminos, la creación en él (cuando esté utilizable) del Centro Nacional de las Artes Escénicas y Músicas Históricas ya está propiciando a los leoneses de disfrutar de la programación musical del mismo, en el Auditorio, por el momento.
El ciclo Artes Escénicas y Músicas Históricas ofrece esta noche (a las 20,30 horas) un nuevo concierto, el quinto. Una cita muy atractiva pues en el escenario estará uno de los grandes de la música antigua, Gabriel Garrido, y lo hará al frente de su grupo ‘de siempre’, el Ensemble Elyma. Ofrecerán a los asistentes un variado programa, con obras de procedencia muy diversa. Desde partituras importadas de la Península Ibérica; obras de maestros de capilla iberoamericanos (unos inmigrantes y otros ya nacidos en el Nuevo Mundo), tales como Correa de Araujo, Chavarría, Juan de Araujo, Andrés Flores o Tardío de Guzmán; así como transcripciones del folclore indígena, como los que contiene el códice de Martínez Compañón. Todos ellos agrupados bajo el título general de ‘‘Fiesta criolla. América sacra y profana’.
Una oferta muy de Garrido y su grupo pues el músico argentino, profesor en Ginebra, explica su situación personal. “Nací en América del sur, así que mi acercamiento a la música latinoamericana ha sido natural. Sin embargo, estando en Europa, lejos de las fuentes, tuve que pedir un año sabático al Conservatorio de Ginebra, donde enseño, para llevar a cabo una investigación seria en el lugar de origen de esas músicas tan poco estudiadas. Estaba seguro de encontrar tesoros escondidos, pero cuando comencé mis trabajos sobre el terreno los primeros días fueron muy difíciles. Los indios no hablaban, los curas no colaboraban demasiado. Tenía que hacerme aceptar por la gente. Mi entusiasmo les fue convenciendo poco a poco. Esto era en 1991, en Chiquitos y Mojos, Bolivia. Les decía que su música era extraordinaria, que merecía ser interpretada en todo el mundo, hasta en París, ¡en los Inválidos!, y al mismo tiempo me sentía un poco tonto, tributario del evidente eurocentrismo de mis argumentos”.
Unos argumentos que hicieron de su figura una referencia internacional y subieron a la música antigua de su tierra a los escenarios más importantes. Estableció una comunicación entre la música sudamericana y la occidental. “En realidad no habría que hablar de influencias entre una y otra. El Occidente europeo tiene gran incidencia pero un peso relativo en la música de América Latina. En el corazón de la civilización indígena se da una relación privilegiada con lo sagrado. Lo que hoy se conoce como “lo sacro” les pertenece. Zipoli no es para ellos un aporte del Occidente católico: es su música. Lo que yo deseaba era recomponer su historia, lo realmente específico suyo. Mi papel se limitó a velar por la difusión, una vez llegado a París, de esta música excepcional. Quería evitar cualquier movimiento colonialista”.
Un precioso e impagable trabajo que esta noche llega al escenario del Auditorio Ciudad de León.