existe un convencimiento general por la parte que me toca (los bares, tascas y locales de luces coloradas) de que el día que regalen escopetas con los puntos de las tiendas de comestibles de Spar (después Continente, en lleunés Carrefú) vamos a hacer una limpia de cabrones que para librarse hay que tener más méritos que la Duquesa de Alba para presentar el Telediario de las Tres.
Y es que cada día que pasa es mayor el olvido que sufren los profetas de lo rural. Dijo Santiago el de Argovejo: “En esta tierra no hay buenas cosechas más que de topillos y cabrones”. Se cumplió al dedillo y no es que no le hicieran santo es que ni siquiera le abrieron un proceso de beatificación.
En estos días el Programa de Ciencia de Belén Esteban habla y no para de un hombre al que le creció un abeto en los pulmones. Dicen que es extraordinario.
Y nadie recuerda que ‘la mi Juanita’, de la Fonda de Pontedo, avisó en el año 2000 a las ciencias médicas de que ‘el su criao’ “había echado raíces y tuvieron que ir a podarlo en Madrid con rayos lasser”.
Creía la ciencia que habría tragado un palillo de la tapa y como bebía bastante vino igual le creció dentro y se hizo madera. Y ya les explicó Juani que ni hablar. “Es que era tan vago que se le olvidó lo que es p’atrás. Y de no saber lo que es p’atrás también se le olvidó lo que es p’alante. Y se quedó quieto y fue cuando echó raíces”.
Más científico imposible, pero como lo dijo ella. Ahora lo escribirá Ana Rosa Quintana en un libro y vendrá a la Feria del Libro.