Imagen de la nueva matraca de la Catedral construida por la Escuela de Oficios de León.
L.C. León
El sueño de la luz está cambiando la imagen de la catedral. Los andamios han vuelto, pero no para quedarse como pasó hace años, sino para acometer la mayor restauración del siglo XXI del primer monumento leonés. El triforio, las esculturas del pórtico...
Las grandes obras han dejado en segundo plano las pequeñas obras que también se han acometido en la catedral en los últimos años. En el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas se conserva la matraca que el Centro de los Oficios de León reconstruyó en sus talleres de forja y carpintería trasdécadas de olvido y abandono. Gracias a un convenio entre la Diputación y el Ayuntamiento, el nuevo instrumento podrá un día formar parte de alguna exposición que recuerde estos viejos elementos. Según Jesús Celis, director del Instituto Leonés de Cultura, la antigua matraca se encontraba en la torre norte y su sonido en Jueves Santo se podía oir desde todo León.
La nueva estáfabricada en madera con herrajes metálicos de más de dos metros de envergadura. “Está formado por un eje provisto de cuatro grandes paletas de tabla dispuestas en forma de aspa entre las que cuelgan veinte pesados mazos de madera. Cuando se acciona la manivela que los hace girar, los mazos caen con fuerza sobre las palas, produciendo el peculiar ruido”, explica Alberto G. Nogal, de la Escuela de Oficios.
El reloj que cuelga en la fachada sur es también una réplica. Originario de 1788, es de péndulo, con una aguja y sonajería. Dicen que antes tuvo que haber otro, pues en Santa Marina del Rey encargaron un reloj de torre que tuviera engranajes más grandes que los de la Catedral y ya estaba en funcionamiento en 1599. Rolex ayudó a construir una réplica y a poner en marcha de nuevo sus agujas.