Al estudiar la historia vemos cómo, siglos atrás, han existido grandes imperios (persa, egipcio, romano, babilónico...) de cuya situación esplendorosa apenas quedan recuerdos arqueológicos y otros pocos vestigios. Nos parece de lo más natural que hayan desaparecido y se hayan extinguido. Sin embargo, no se nos ocurre pensar que puede ocurrir otro tanto con lo que nosotros tenemos ahora, como si nunca fuera a acabarse, como si nosotros fuéramos diferentes. Es algo parecido a esas familias que han alcanzado altas cotas de riqueza y bienestar, creyendo tener asegurado el futuro de sus descendientes, ignorando que por la mala cabeza de éstos pueden llegar a arruinarse. Algo semejante puede estar gestándose en nuestro mundo actual. Con mucho esfuerzo y sacrificio se ha llegado a una situación de prosperidad que podría dilapidarse por el vicio y la corrupción. Muchos hijos que hoy tienen de todo, olvidan lo que han luchado sus padres y abuelos. Tal vez piensen que por arte de magia se va a conservar todo lo que han recibido, llevando una vida desordenada y sin esfuerzo, dejándose arrastrar simplemente por los bajos instintos, no privándose de nada que les apetezca. Pero por eso cayeron los más grandes imperios.
Así como el progreso material es acumulativo, esto es, avanza la ciencia, la medicina, la tecnología... cada vez se fabrican coches, ordenadores, televisores, teléfonos más sofisticados... sin embargo el progreso moral no es acumulativo, sino que se puede retroceder y perderse lo que ha costado siglos alcanzar. Ese es nuestro gran problema. No quisiera ser profeta de calamidades, pero estamos viendo cómo de año en año algo degenera y se están perdiendo muchos valores. Ojalá nos equivoquemos y no se derrumbe nuestro imperio.