Dice el guión que esta columna se dedica a cosas de construcción, arquitectura, urbanismo y similares, si bien es cierto que ocasionalmente me salto ese guión, bien porque no aparece sobre el tema nada interesante y actual que comentar, bien porque a veces, aparece algo que, por la causa que sea, y no teniendo nada que ver con la cosa del ladrillo, me lo pide el cuerpo.
Y hoy toca que me lo pida el cuerpo.
El caso es que, con motivo de esta Semana Santa, me fui a dar una vuelta por el sur, más bien suroeste, o sea, Sevilla, Huelva y aledaños, y en ese tiempo, haciendo kilómetros y más kilómetros, me preguntaba cómo es posible que, con miles y miles de hectáreas de olivos, cuando no de fresas, naranjos, o limoneros, sembrados, o encinares con sus piaras de cochinos, con montones de industrias, sin hablar del turismo, que por mucha crisis que haya, sigue yendo por millones de personas, Andalucía sea el sitio de mayor paro, a la cola del país, mientras Lepe, ese pueblo de los chistes, es el municipio con la mayor renta per cápita de España.
Y que nadie me diga que el resto de aquella comunidad es otra cosa, porque si quieren, hablamos de Almería y sus cultivos millonarios, Jaén con los olivos, etc., etc.
Vamos, que no me cuadra, y menos si miro aquí, a mi alrededor, hectáreas y hectáreas de secarrales improductivos y en barbecho, con pueblos, por poner un ejemplo, como Mansilla de las Mulas, en donde, según su alcaldesa, quedan 2 (dos) agricultores, en una contraposición de imágenes que no resiste la comparación. Pero, eso sí, allí existe el PER para compensar que no hay trabajo, mientras hay que contratar a miles y miles de emigrantes para realizar ese trabajo que no existe.
Reconozco que no tengo un buen conocimiento de cómo funciona eso en Andalucía, pero sí que lo tengo, y de primera mano, en Extremadura, que no creo sea muy diferente, dónde, por cuestiones de forma de vida es normal que en la misma casa vivan padres, hijos y nietos, por lo que entran cuatro y cinco subvenciones del PER al mes, mientras todos ellos tienen un huertito, y unaviña, y una tierra, y cuando no se va a espárragos se va a setas y, sino, de caza, y los hijos cobran el PER mientras están estudiando en Sevilla con una beca de 3.600 eurospor año, con coche y piso. Y más cosas que se podrían contar, pero que el espacio de la columna no lo permite.
Y nosotros aquí, con estos pelos.
José Álvarez Guerra es arquitecto