La compañía La Zaranda lleva hoy al escenario del Auditorio de León ‘Futuros difuntos’
Sillas de ruedas y camillas oxidadas participan en el ambiente escenográfico de ‘Futuros difuntos’, elespectáculo teatral de La Zaranda con el que celebran 30 años de actividad.
L. Castellanos León
Más de treinta años de vida son muchos para una compañía teatral. La Zaranda, el denominado Teatro Inestable de Andalucía La Baja, ha mantenido absoluta fidelidad a los postulados estilísticos y estéticos que motivaron su nacimiento en 1978: compromiso existencial con sus raíces andaluzas, el uso simbólico de los objetos, el expresionismo visual, la depuración de textos, la caracterización de personajes siempre al límite y, también, el desarrollo de un trabajo creativo de carácter colectivo. Esquivos con la complacencia, la convención o el estereotipo, sus componentes han ido fortaleciendo a lo largo de los años un lenguaje propio, cómplice con el espectador y abierto a la reflexión y la evocación de la memoria. “Nuestros trabajos surgen de la ansiedad de expresar lo que somos de acuerdo con la confidencia poética de nuestros sentimientos”, manifestaban en su momento a modo de declaración de principios.
Así, durante estas tres últimas décadas y merced a sus once espectáculos ya estrenados en escenarios de todo el mundo, La Zaranda se ha consagrado como una de las compañías españolas de mayor entidad a nivel internacional. Con Eusebio Calonge como escritor de cabecera (que, curiosamente, ejerce también como técnico de iluminación, aspecto que se cuida obsesivamente en este grupo de raíz andaluza y sede en Jerez de la Frontera) y con Paco de la Zaranda asumiendo la puesta en escena de todos sus trabajos, el grupo mantiene una formación estable de actores que, con alguna variante, se repite en todas sus propuestas y participa activamente en su concepción.
‘Futuros difuntos’, estrenado en noviembre pasado en Toulouse (cuyo Teatro Sorano lo coproduce) e interpretado por Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos, llega hoy al Auditorio de León (21 horas; entradas a 20 euros) y sitúa su acción en un manicomio donde algunos de sus pacientes tratará de adaptarse a la situación que ha propiciado el fallecimiento del responsable del lugar. Tres de los ingresados, en fase terminal y sometidos al efecto de la demencia, se erigen en cabecillas de un coro hospitalario, que queda representado sobre el escenario por sillas de ruedas y camillas oxidadas, y ejerciendo en médicos de su propia locura. A lo largo de la función y en un contexto escenográfico decadente y enérgico visualmente, La Zaranda indaga en los límites entre la cordura y la demencia manteniéndose firme en su propia idea escénica.