El episodio ocurrido la semana pasada con el periodista Ricardo López Témez y todas sus ramificaciones, ponen de manifiesto que si el PSOE hubiera dicho la verdad sobre cuáles fueron los motivos reales de la disolución–la podredumbre que en sus filas anidaba y sigue anidando– de la agrupación socialista de Ponferrada, toda la izquierda de progreso berciana habría suspirado aliviada porque, por fin, la cultura de la izquierda modificaba la cultura del poder. Pero como fue al revés, seguimos recelando de una izquierda que sigue engañándose a sí misma y acentúa, en el dividido socialismo berciano, la tendencia tan acreditada como acretinada de olvidar que los bárbaros no llegan de fuera y es gravemente erróneo observarlos con catalejo para decidir. Grave error de mirada, ya que don Antonio Canedo y sus discípulos, como los comunistas, los curas o los atletas sexuales, nunca dejan de ser lo que son, por más que se disfracen o hasta renieguen. Por eso, un servidor, cada vez que redescubre al alcalde de Camponaraya y senador socialista por León, como político en activo, tiembla y se pone a considerar si se habrán equivocado los científicos al predecir mil años de supervivencia al género humano. Mil años no es nada tal como crece la esperanza de vida; pero si el PSOE que nos rige sigue estando dominado política, ética o simplemente influenciado por tales especialistas en el fulaneo político, sólo nos queda pedir socorro desde la evidencia de que ya nadie puede ayudarnos, si no nos ayudamos nosotros primero y expulsamos democráticamente de la vida pública a todos estos caciques, a no ser que queramos que ZP movilice a la OTAN para echarnos una mano e impedir que don Antonio se vuelva a hacer con el poder comarcal en el partido mayoritario de la izquierda.