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LA ESQUINA / Javier Santiago

Una persona leal

La lealtad es uno de esos conceptos nobles que han acabado por quedarse vacíos después de tanto mal uso. Cuando alguien dice de sí mismo que es una persona leal, es para echarse a temblar, especialmente si se trata de un político.
“Yo soy una persona leal”. Lo dijo Rosa Aguilar horas después de desertar de un plumazo de Izquierda Unida y de la alcaldía de Córdoba para ser consejera andaluza de Obras Públicas de la mano del PSOE. Extraño concepto de lealtad.
Probablemente, lealtad no significa lo que aparentemente significa. De lo contrario, supongo que Aguilar hubiera utilizado otra palabra. Aunque sólo fuera por decoro, otra virtud cada vez menos habitual.
El caso es que la ex alcaldesa ha seguido un modelo de lealtad que consiste en abandonar los principios que teóricamente defendía para arrimarse, quizá por azar, al sol que más calienta. Curiosamente, casi todos los que experimentan una evolución ideológica siguen el mismo rumbo. No se aprecia que sufran una batalla psicológica y un profundo debate con la almohada mientras ven cómo se derrumban sus esquemas de pensamiento y se ven sustituidos por otros diferentes. Sí se nota, en cambio, cómo el sillón que les cobija pasa a ser más alto y lustroso. En el Bierzo también tenemos buenos ejemplos de ello.
El caso es que, con esta curiosa lealtad, Rosa Aguilar atiza una bofetada consciente y bastante fea a sus hasta ahora compañeros de Izquierda Unida y, de paso, a su larga trayectoria en esa coalición. Como si IU necesitara algún empujón más en su dolorosa deriva hacia no se sabe donde.
Pero, sobre todo, la nueva consejera se agrede a sí misma, a la que hasta ahora parecía bien ganada imagen de coherencia e integridad. Golpea, en definitiva, al tan imprescindible como castigado concepto de lealtad.

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