El Mariscal Soult, duque de Dalmacia y héroe de Austerlitz, gozaba de la protección personal de Napoléon.
Arturo Pereira / Ponferrada /Doctor en Derecho e historiador
Habíamos concluido el relato del primer asedio de Astorga con la entrega de la ciudad a los franceses y el cautiverio de su guarnición con el Coronel Santocildes a la cabeza y siendo trasportados prisioneros a Francia. Ya en territorio francés, el Coronel se debatía entre sus obligaciones como prisionero y su deber de fugarse para volver a la lucha. Como no le habían exigido su palabra de honor verbal o por escrito de que no intentaría fugarse, el 22 de octubre de 1810 consiguió escaparse y se presentó al legítimo gobierno español que se encontraba en la isla de León.
En recompensa a sus muchos méritos, el General Castaños lo nombra Comandante General interino del Sexto Ejército que operaba en Galicia, Asturias, León y las provincias de Castilla que se encontraban a la derecha del Duero. Por su parte, los franceses tenían ocupado Asturias bajo el mando del General Bonnet y el Mariscal Bessieres León, Valladolid, Zamora y Astorga.
Dice la tradición que todo se pega y a Santocildes a fuerza de vivir en Astorga se le pegó la constancia y perseverancia de sus habitantes. Se le metió entre ceja y ceja que tenía que recuperar la ciudad. Se encontró con una grave dificultad y fue que como siempre no tenía suficientes tropas para hacer frente al enemigo. Ideó un plan y viniendo hacia la ciudad a través de Galicia, aprovechó que el ejército francés se encontraba disperso y cayó por sorpresa sobre Astorga apareciendo por los puertos de Manzanal y Foncebadón. Los franceses cogidos por sorpresa evacuaron la ciudad. En palabras del propio Santocildes, afirma que tuvo la satisfacción de ser el primero en volver a ocupar la ciudad después de haber tenido la desgracia de dejarla en poder de sus enemigos. La ciudad fue libre desde julio hasta agosto de 1811, fecha en la que los franceses reunieronsus tropas obligando al Sexto Ejército español a retirarse a Galicia dejando una vez más la ciudad en manos francesas.
Astorga seguía estando en el punto de mira, no sólo de Santocildes, sino de la superioridad militar del ejército español. Nada menos que el General Castaños le imparte la orden taxativa de que adopte las medidas que estime necesarias para la recuperación de Astorga. Esta maniobra forma parte de un plan estratégico mayor en el que se intenta atraer hacia en norte a tropas francesas para que el ejército hispano-británico pueda maniobrar en otros puntos de la península.
Se toman las medidas necesarias para que lleguen la artillería y munición de la maestranza de Coruña. Cuando Santocildes llega a Astorga, el Teniente General Marqués del Portago ya había comenzado las operaciones de asedio encerrando a mil doscientos franceses en la ciudad sin posibilidad de comunicación exterior. Estos, habían fortificado la ciudad a base de hacer trabajar forzadamente a los paisanos.
Llegadas las primeras piezas de artillería para el asedio desde Coruña, comenzó el fuego sobre las murallas el día 3 julio de 1812.
Como las penurias no abandonaban al ejército español, no se disponía de la suficiente munición para hacer un fuego eficaz que permitiese una rápida rendición de la ciudad. Tampoco se podían utilizar granadas que pudieran acarrear víctimas entre los civiles. La situación llegó al extremo de que las tropas francesas que se encontraban sitiadas disponían de más cañones y de mayor calibre que las tropas españolas que los estaban sitiando y pretendían su rendición.
Urgía la toma de la ciudad pues los españoles no disponían apenas de caballería y los franceses sí, con lo que se podrían presentar en Astorga en cualquier momento obligando a levantar el sitio.
Se produce un hecho que va a ser decisivo en el resultado de este asedio. Las tropas británicas avanzan desde Portugal para atacar a las francesas que se encontraban en Salamanca bajo las órdenes del General Marmont. El Duque de Ciudad Rodrigo le pide a Santocildes que si puede prescindir de algunas de sus tropas en el asedio de Astorga las conduzca hacia Salamanca para unirlas al ejército hispano-británico que van a atacar a Marmont. Así lo hace y marcha hacia la que luego sería la victoria de Arapiles que, aunque no llegó a participar en ella, si tuvo que ocupar Valladolid, mientras el resto del ejército aliado presionaba sobre Madrid.
Los franceses que vieron como Madrid estaba amenazada, reorganizaron las tropas del derrotado Marmont y se les unieron las de los mariscales Soult y Suchet procedentes de Andalucía y Valencia, constituyendo un ejército mucho más numeroso que el aliado con lo que este se ve obligado a retirarse. Santocildes combate con las vanguardias francesas para permitir que el grueso del ejército aliado se pueda retirar en orden. Se dirige hacia Astorga que todavía no se había rendido. El General Castaños conoce dor de la situación y que nuestros ejércitos se batían en retirada consigue que la ciudad capitule ocho horas antes de que las tropas españolas se presentaran en la ciudad seguidas muy de cerca por los franceses. Astorga era de nuevo española.
Aquí termina el segundo sitio de Astorga. En este caso fueron los españoles los sitiadores, antes habían sido los sitiados. En este lío de idas y venidas de tropas que fue la Guerra de la Independencia, Astorga es un claro ejemplo de lo que supuso para las ciudades y paisanaje de la época el pasar por manos de un ejército a otro de forma tan habitual.
Algunos soldados británicos de la época y que combatieron como aliados de los españoles, han criticado severamente en sus diarios la conducta de los españoles por no acogerles como se merecía un aliado. Quizás, ahora, con el transcurso del tiempo se pueda tener una perspectiva más amplia de las penurias que el pueblo español sufrió como consecuencia de una guerra total a diferencia de otros países que se vieron implicados en las guerras napoleónicas. Ni siquiera Rusia sufrió tanto las consecuencias de una guerra tan prolongada. No se les podía ofrecer más a nuestros aliados porque sencillamente carecíamos de ello.
Astorga refleja a la perfección lo que fue un permanente estado de guerra sin cuartel, donde a la desesperación le sucedía la alegría y vuelta a la desesperación. El mérito y sufrimiento de esta ciudad fue reconocido por las Cortes de Cádiz declarando a sus defensores como beneméritos de la patria entre otros honores.