Esta página está hoy de luto. ‘El comensal impertinente’, Felipe Rubio Carracedo, falleció ayer de forma repentina. Muchas veces es duro dar la noticia de un adiós, y más cuando quien es el protagonista es un compañero de periódico. Felipe Rubio escribía todos los miércoles una columna y desde hacía dos años ‘cocinaba’ todos los domingos este rincón de sal y pimienta, de buenos vinos, platos de cuchara y segundos de carnes y pescados. Todos ellos rehogados en la sal de la vida y aliñados con la guindilla del humor.
“Por imperativo legal” fue su último artículo el pasado miércoles. “Hay que decir que la política leonesa en este caso ha fracasado estrepitosamente –se refería a la fiesta autonómica de Villalar–, los diferentes partidos políticos no han sabido, o no han querido recoger de forma seria y responsable, las justas aspiraciones de la inmensa mayoría de las gentes de León, ello hace que en fechas como ésta, el gozo y la alegría que los castellanos y pro-castellanos exhiben en la Campa de Villalar, para nosotros resulten fechas frustrantes, atípicas e insustancial”.
‘El comensal impertinente’ se había convertido en una página muy seguida por los lectores de La Crónica. Entre receta y receta, Felipe daba su opinión sobre los temas de actualidad. “Zapatero, en un intento desesperado por conjugar y unificar las diferentes culinarias autonómicas, ha apostado fuerte por el gazpacho andaluz, convencido de que este brebaje majestuoso, nutritivo y digestivo, sería apreciado por la pluralidad autonómica sin demasiadas reticencias”, decía en su artículo del pasado domingo. Felipe Rubio residía en Castrocontrigo. En sus artículos, nunca renegó de sus ideas socialistas –era militante del PSOE leonés desde 1977–, aunque por su carácter afable se llevaba bien con todo el mundo. Nunca tampoco quiso cargos. A él le gustaba la cocina, la vida de militante. Su sección de cocinar con los primeros espadas políticos tuvo gran éxito. Así, puso el delantal al presidente alcalde de León, Francisco Fernández, o al delegado del Gobierno, Miguel Alejo. O al presidente de Caja España, Santos Llamas. También le hubiera gustado al presidente Zapatero. Todos los que hacemos La Crónica nos sumamos al dolor de sus familiares. Sirvan de homenaje algo que también dejó escrito el pasado domingo. “A los comensales nos gusta ver el buen rollo entre diferentes cocinas”. Así era Felipe Rubio, un comensal’ nada impertinente.