Volvemos a las andadas de otros años por estas fechas: es la hora de cumplir nuestras obligaciones fiscales. Paralelamente se nos recuerda la obligación moral para unos y la posibilidad para otros de expresar nuestra voluntad de que una parte de nuestra cuota íntegra pase a la asignación que se efectúa a favor de la Iglesia Católica. Es el asunto de la famosa crucecita en la casilla correspondiente del impreso del IRPF. La verdad es que uno se siente incómodo al comprobar que esta cuestión es cada año una especie de referéndum de resultado incierto. O el lanzamiento de una campaña publicitaria ofertada bajo el epígrafe del ‘X Tantos’. O un aviso que hacer al final de las misas.
Servidor, ingenuo perdido, haría un planteamiento de perogrullo. Primer dato: la Iglesia Católica necesita recursos materiales para llevar a cabo su misión, dentro de la cual están la ayuda a los necesitados, el soporte de muchas obras sociales y el sostenimiento de las personas que trabajan en la tarea de anunciar el Evangelio. Segundo dato: la Iglesia Católica está integrada por personas que son conscientes de su pertenencia a ella, que cuentan con capacidades económicas mayores o menores y a las que se supone una buena voluntad y un conocimiento suficiente de la realidad. Tercer dato: nada hay que impida la aportación directa de lo que la conciencia y la necesidad dicten a favor de las instituciones católicas inmediatas, en concreto, de las parroquias, que cubren toda la geografía, o de otras entidades católicas con las que se puede contactar fácilmente (Cáritas, Manos Unidas, asociaciones benéficas, instituciones educativas, etc.). Ya está. Pues, no señor. Algo falla en este proceso. O, si no falla, al menos no es el camino por el que se ha optado. Que no digo que sea malo, pero que no le deja a uno satisfecho del todo. Y eso suponiendo la buena voluntad de los servicios recaudatorios de la Hacienda Pública. Claro que, como reacción, el camino no podrá ser negarnos a emplear el cauce oficial que, hoy por hoy, se ha elegido para la asignación tributaria.
Como tampoco puede ser quedarnos sólo con la cruz y ya está. Hay quien dice que lo lógico y lo ético es que los que se sientan católicos hagan llegar a su iglesia el 10% de sus ingresos. Pues, mire, va a ser que no. Y es que a uno le pierde la ingenuidad. ¡Qué se le va a hacer!
Antonio Trobajo Díaz es vicario episcopal de Relaciones Públicas de la Diócesis de León