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PARAISO TERRENAL / Manuel C. Cachafeiro

Villalar, fiesta indefinida no fija

Justo el pasado miércoles, Felipe Rubio hablaba de Villalar. No he ido nunca pero por lo que parece es una fiesta donde uno se puede tomar un chato de vino y un pincho de tortilla. También, por lo que dicen, es un plato combinado con banderas republicanas, castellanas y colores varios. Y dicen también, que es la fiesta de Castilla y León, comunera de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Tanto es así que el PP antes no iba y que Herrera, los primeros años, visitaba la campa a las ocho de la mañana. Aunque Fernández de Santiago nos ‘venda’ las excelencias de la Fundación Villalar y algunos insignes leonesistas hayan publicado sus trabajos con financiación que después gustan de aborrecer, lo cierto es que algo hay que hacer. Aceptemos el mapa autonómico, pero construyamos el futuro desde la verdad histórica. Y tanto es verdad que León y Castilla han ido juntas a veces como no son lo mismo, ni nunca lo serán. Mientras las cabezas pensantes de esta Comunidad –que no región, coño– no fomenten la unión desde la diversidad, el edificio de Castilla y León se tambaleará. Puede que el leonesismo agonice hasta estirar la pata, pero la contestación social siempre existirá. Villalar es la máxima expresión de un modelo territorial que no funciona. No es una fiesta que integre. Es una fiesta política. Lo ha sido toda la vida. Negar la evidencia es echar más tierra sobre la evidencia. Castilla y León necesita un modelo territorial propio que supere las provincias. No hay otra solución.

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