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LITERATURA / Luto en las letras leonesas

Su relato más corto: Adiós

Antonio Pereira, el maestro del cuento, falleció ayer en León de manera repentina a los 85 años

Fulgencio Fernández / León
Cada vez que llamaba a casa de Antonio Pereira (nunca a la hora de la siesta) me gastaba la misma broma: “¿Diga?, hombre eres tú, tenía yola corazonada de que me llamaban de Estocolmo para lo del Nobel, pero bueno, también es muy grata tu llamada ¿Qué necesitas?”.Era Antonio Pereira, el entrañable Pereira que ayer falleció, un tipo tan agradecido a la vida que gastaba esa broma de Estocolmo “porque ya es lo único que falta que me den de todo lo que no merezco”, un escritor tan generoso que te preguntaba ¿qué necesitas? porque es evidente que, de cada vez que le llamaba, en la mayoría de las ocasiones era para pedirle alguna colaboración, que abriera el desván de sus recuerdos sobre algún personaje de la cultura leonesa... muchas veces le llamaba para pedirle unas palabras sobre alguien que había fallecido. “Te envío un telegrama, cuatro palabras, ya sabes que yo soy muy de texto breve, muy de recordar lo esencial pues de cada uno se podría escribir un libro”.
Y te dictaba su breve texto. Al finalizar te pedía cuidado con las erratas (una obsesión suya pues era meticuloso en extremo con las correcciones) y lo hacía con su ironía habitual. Es que una vez mandé un texto al Diario que hablaba de unas “chicas modernas que a sus novios les tienen sorbido el sexo”, así apareció en las páginas del periódico “pero yo lo escribí con ese, seso”.
Por eso hoy, en su adiós, hemos querido recoger unos cuantos telegramas. Somos conscientes de que todos quieren contar muchas más cosas, que los recuerdos y anécdotas vividas con ‘don Antonio’ siempre son jugosos, pero... él se daría por satisfecho con leer los telegramas pues era consciente de ser uno de los leoneses más queridos y respetados. “Tengo miedo de que me hagan obispo, que, por cierto, me haría mucha ilusión”.
Ayer se fue Antonio Pereira. De repente. Había tenido sus achaques (que ocultaba para no preocupar) pero nada hacía temer un desenlace inminente. No pudo asistir al ingreso de Merino en la Academia pero sí pensaba estar el lunes en un acto en San Isidoro.Las notas oficiales, los textos de agencia, sonmás fríos que nunca pues los datos biográficos no hacen justicia con Pereira. Él jamás hablaba de biografía sino de vida y de amistad. Pero, por si añaden algo a su conocimiento habría que recordar que Antonio Pereira nació en Villafranca del Bierzo, el 13 de junio de 1923 y las biografías oficiales dicen que pronto empezó a escribir poesía y hablan de sus libros: ‘El regreso’ (1964), ‘Del monte y los caminos’ (1966),‘Cancionero de Sagres’ (1969) y ‘Dibujo de figura’ y ‘Contar y seguir’. Toda su obra poética ha sido recopilada en ‘Meteoros’.
Está bien, son varios libros de poesía y a él le gustaba reivindicarse como poeta. Pero Pereira lo contaba de otra manera, todo lo contaba de otra manera pues no en vano era un excelente narrador oral. “En Villafranca los importantes eran los que jugaban bien al fútbol. Eran los que más gustaban a las chicas. Yo, con estas gafas, para el fútbol no servía y comencé a escribir para impresionar a las chicas, sobre todo a las veraneantas”.
Siempre quiso ser poeta, decía que le quedaba bien la chaqueta de poeta. “Es cierto que en los últimos tiempos se ha dado en hablar de mí como cuentista significado, y es de agradecer, pero no escondo que me gustaría que nadie se olvidara del Antonio Pereira poeta, de ahí que haya cuidado con mimo esa antología (se refería a ‘Meteoros’) que se anuncia y que espero agrade tanto como estos relatos que desde hace unos años vienen contando con el favor del lector”.
Decía estas palabras en la presentación de ‘Meteoros’, donde lamentaba que su irrupción en el mundo del cuento, en el que todos le reconocían su magisterio, había hecho olvidar algo su vertiente poética. También esto lo contaba con irónia: “Tengo para mí que en este país es muy difícil que te reconozcan la capacidad de hacer dos cosas bien a la vez. Y como han dado en decir que soy un buen cuentista, no creen que pueda ser también buen poeta, pero yo os aseguro que sí, Reivindico esta faceta porque a ella le debo la potencia del lenguaje y el cariño por la palabra que le da fuerza a mis relatos cortos”.

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