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UNA IMAGEN Y 250 PALABRAS


Antonio salió a hacer un mandao

Parece una silla vacía, no lo es. La rosa y el libro están rodeados por todas partes pues allí hay un nombre y éste evoca y atrae imágenes y recuerdos.

Parece una silla vacía pero allí están posadas las viejas gafas de culo de vaso que impidieron a su dueño ser buen futbolista y decidió hacerse poeta y socarrón, lo primero para ligar veraneantas y lo segundo para regatear a la vida.

Parece una silla vacía pero allí está una matrícula LE-13.000, la de aquel histórico Dauphine en el que el nunca ausente llevaba de excursión a su amigo el cura Lama, a Huelva para dar una conferencia o a París para un congreso y a su vez, aprovechando el viaje, ver alguna película subida de tono y poner en un aprieto al pater a su regreso.

Parece una silla vacía pero allí está la mirada pícara del miope que se tiene que acercar a las minifalderas para disfrutarlas en toda su extensión y decirles alguna frase que no es piropo sino ingenio.

Pero, a la hora de la verdad, después de las ironías, en la silla vacía está el amigo fiel que cuando muere el cura él está a los pies de la cama, el que escribió cartas hasta el último día al casi ciego Carnicer, el que mira de cerca a las mozas pero cuando le preguntas por un amigo siempre responde: “Mejor amiga, la mejor, vive conmigo”.

Siéntate Úrsula, nadie notará que Antonio salió a hacer ‘un mandao’.

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Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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