Surgió en 1976, financiado por los vecinos de Lorenzana. Fue el primer museo etnográfico de la provincia. Pronto volverá a abrir para explicar cómo era una casa leonesa hace un siglo
Vista exterior de la casa que acoge el Museo de Cultura Antigua de Lorenzana.
Manuel C. Cachafeiro / León
Durante muchos años ha sobrevivido gracias al tesón de los vecinos de Lorenzana y el apoyo del Ayuntamiento de Cuadros. El Museo de Cultura Antigua de Lorenzana, el primero de sus características que se creó en la provincia, volverá a abrir muy pronto sus puertas completamente remozado, pero conservando el espíritu de su creación, en 1976, como una antigua casa de labradores de la ribera del Bernesga.
Lorenzana es un pueblo peculiar. En esta localidad cercana a León, apenas a 10 kilómetros por la carretera de La Magdalena, gustan del teatro. Cuando aún no había casas de cultura en los pueblos, en Lorenzana tenían ya un centro cultural, que también está cambiando de cara gracias al proyecto que ejecutan el Instituto Leonés de Cultura, Cuatro Valles y el Ayuntamiento de Cuadros.
El centro cultural abrió antes, en 1966, casi como un milagro, gracias a la iniciativa del entonces párroco del pueblo, Ramón Astorga. La sede se ubicó en unos viejos locales, mitad cuadras, mitad almacén de leña, que fueron recuperados por un grupo de vecinos del pueblo. “El dinero para los materiales se iba sacando con obras de teatro que se realizaban con los jóvenes y niños del pueblo”, recuerdan hoy algunos de sus seguidores.
El Museo de Cultura Antigua de Lorenzana se instaló en una de aquellas viejas casas. En sus orígenes contó con el asesoramiento Antonio Viñayo y Ángel Castro. Los vecinos fueron recogiendo por las casas objetos olvidados o en desuso: un libro, un mantón, un candil, un cuenco de madera... En 1978 consiguieron los maniquíes a tamaño natural, una de las señas de identidad del Museo, una curiosa idea también que sirve para ilustrar las noches al pie del fuego o los trajes de otras épocas. El modelado en barro así como la preparación y armazón de los cuerpos fue obra de Luis Gonzaga Aparicio, entonces practicante de Lorenzana.
En los últimos años, el alcalde de Cuadros, Marcos Martínez, ha mantenido vivo el espíritu del museo. Como ha podido, casi sin medios. Ahora, gracias a una primera subvención de la asociación Cuatro Valles y del propio Ayuntamiento se ha podido musealizar. Y con una segunda ayuda del Instituto Leonés de Cultura se está lavando la cara a las instalaciones, que han sido pintadas y rehabilitadas.
El Museo se encuentra en un antiguo caserón típico de la zona. A la entrada, sorprende la figura de un guardia civil con uniforme de gran gala del año 1880. “Es como el guardián”, dicen en Lorenzana. En la planta baja se ubican varias salas. Una dedicada al pastor, con todo lo referente a su trabajo al cuidado de las ovejas: la esquila, cómo se hacía el queso... Otra sala es la de las herramientas rústicas. Allí hay hasta útiles para fabricar una casa como moldes de adobes o las “costanas”.
En la parte baja destaca también el filandón, con su cocina en el suelo, el pote en la lumbre y la abuela haciendo calceta. La sala de labranza reúne utensilios de todo tipo. Y como en cualquier casa también hay un dormitorio, con su cama, el jergón de hojas de maíz, la cuna donde duerme el niño, el cojín de cara de trapo, el lavabo y muchos detalles como cuadros, rosarios, calienta-camas, un bastidor…Subiendo por la escalera se puede ver una garduñera para cazar raposos y ya arriba una escuela, como eran antes, con sus pupitres y los mapas en las paredes. Y el horno, con la mujer sacando hogazas de pan. Y lo más bonito: la sala de las industrias desaparecidas, la más grande del Museo, con el herrero arreglando una herradura sobre el yunque.
Habrá muchos museos, pero Lorenzana es fiel a cómo era la vida hace un siglo de verdad.