Los azulgranas rozan el título tras reponerse del gol inicial de Higuaín
Los jugadores del Barcelona abrazan a Piqué, autor de uno de los goles azulgranas en el Bernabéu. REUTERS
Ramón Toral / Madrid
El Barcelona es virtual campeón de la Liga de una forma soñada, con exhibición futbolística en el Santiago Bernabéu, 2-6, elevando a la máxima esencia un estilo de juego virtuoso, para abocar al Real Madrid a un año negro, rendido ante el poderío de su eterno enemigo.
La fantasía hecha fútbol pudo a la fe. Al coraje de un Real Madrid infinitamente menor en cuanto a calidad al mejor Barcelona de la historia. Por números, juego, sensaciones. Por su capacidad de hacer menor a cualquier rival. De minimizar sus cualidades para convertirle en un púgil al borde del ko, que recibe golpes sin posibilidad de levantar la cabeza.
El ímpetu, el escudo y el empuje de un Bernabéu que comenzó ilusionado, guió al gol al Real Madrid en su primera acción de peligro. El centro medido de Sergio Ramos desde la derecha lo cabeceó con el alma Higuaín a la red. La Liga se ponía en un punto. Se alimentaba un sueño que tardó dos minutos en convertirse en pesadilla.
Dos acciones de Henry, que rescató su mejor versión para rememorar viejos tiempos del Arsenal en el coliseo blanco, levantaron de inmediato al Barcelona. Con Sergio Ramos superado, Eto’o no llegó por milímetros a la primera y Henry decidió jugarse la segunda. Balón a la red e inicio del recital.
Se impuso el monólogo culé, con Xavi e Iniesta lanzando un fútbol de altos quilates. Dos futbolistas de oro que marcan un estilo de paredes infinitas que acababan en ocasiones de Messi, desacertado en las tres primeras, pero que no desperdició un regalo de ‘Lass’. Un jugador básico para que la Liga no se sentenciase hace dos meses, no encontró a Gago -ausente por su discusión con Robben-, Messi le robó la cartera y a placer entre el desconcierto local, superó a Casillas. Restaban diez minutos para el descanso y el Real Madrid pedía al árbitro que más que el descanso señalase el final del partido.
En la reanudación el nuevo impulso de coraje que condujo al Real Madrid a acortar distancias no sirvió de nada. Sergio Ramos, señalado por su discreto partido defensivo por el Bernabéu que lo silbó y por su entrenador que lo sustituyó, cabeceó a la red una falta botada por Robben.
Había 35 minutos por delante para buscar una nueva remontada en un escenario acostumbrado a las heroicidades. No era el día. La abismal diferencia de fútbol lo impidió. De nuevo Henry. Otro error defensivo blanco en un pase largo medido y un toque sutil para superar a Casillas, a media salida.
Era el fin de la Liga. Por delante media hora de paseo del Barcelona en casa del eterno enemigo para lograr una goleada histórica que vale un título de Liga.