Los jugadores de la Ponferradina en un momento del partido. DANIEL
Javier Santiago / Ponferrada
La Deportiva ha sido fiel hasta el final a su historia en esta temporada. El equipo certificó ayer su clasificación para la fase de ascenso y lo hizo en un partido cargado de altibajos, salpicado de tintes de euforia, de nervios y hasta de toques surrealistas.
Menos mal que por encima de todo quedan las frías cuentas. El empate ante el Sestao otorgó el punto 60. El Celta B, quinto clasificado, todavía puede alcanzar esa puntuación, pero los bercianos ganan en el ‘goal average’ particular y siempre quedarían por delante de los gallegos.
Detrás de todos esos datos fríos se queda un partido que tuvo un largo camino de calma y una explosión de locura final que recordó a los ingredientes más tradicionales de las fases de ascenso.
Hasta el minuto 72, la historia del encuentro se resume en el gol de Óscar de Paula. La Ponferradina se encargó de poner las únicas dosis de ambición durante la primera parte. Merodeó por las inmediaciones del área y desde las bandas volaron algunos balones que acabaron en territorios intrascendentes. Así hasta que Fuentes, todavía en su ámbito natural, ejerció de extremo izquierdo y buscó un centro que se envenenó. La pelota se estrelló en el larguero y complicó a Álvaro Iglesias, que sólo pudo despejar. Allí estaba De Paula para recoger el rechace y rematar. El cuero no llegó a botar dentro de la portería, pero sí superó la línea.
Desde ahí la cosa transcurrió plácida, con el Sestao poniendo voluntad pero poca fortuna en su obligada carrera por buscar algún punto. Así hasta que en el minuto 72 se desató la locura. En ese momento, el colegiado mostró la roja a De Paula por una entrada que dejó fuera de combate a Lekue. De un golpe, los dos equipos se quedaron con un hombre menos.
Y un rato después, Alejandro derribó a Muniozguren dentro del área. Penalti, tarjeta roja y con los tres cambios ya realizados. Más suspense imposible. El valiente Fuentes asumió el reto y se enfundó los guantes. Vio cómo Basagoiti marcaba y se preparó para vivir un final dramático.
Desde la grada, el sancionado técnico del Sestao se desgañitó para pedir a sus jugadores que aprovecharan la circunstancia que les había regalado el destino. La Deportiva se vio al borde de la tragedia, pero, lejos de acobardarse con ese panorama, se engrandeció. Peleó al máximo, aprovechó las indecisiones de un rival pasmado y tiró de oficio para evitar un drama.
Cada disputa por un balón parecía una batalla a vida o muerte. El canterano David Álvarez salió en medio de una ovación emocionante y apunto estuvo de convertirse en héroe con un disparo lejano. Fuentes, desde su portería, vió como el partido moría sin recibir tan sólo un disparo.
Al final, la locura se acabó. El extraño punto sirvió para asegurar el ‘playoff’, pero no para espolear la alegría. Ese es el sino de una Deportiva que ha vivido un año raro, pero que, al fin, está en el camino hacia la gloria.