Ya sé que muchos os habéis escandalizado al ver a Franco y su nostalgia escrita en una botella. Nostalgia, y pena, que dice sentir por habernos dejado solos, al darse cuenta que sólo era un tópico, tan falso como tantos, aquello que dijo entre lágrimas Arias Navarro de que dejaba todo “atado y bien atado”.
Por suerte, el nudo cedió a las primeras de cambio y realmente estaba todo ‘desatado y bien desatado’, aunque nadie saliera llorando a anunciarlo.
Vale escandalizarse. Está bien. Pero hubiera sido bonito escandalizarse durante décadas por otras muchas cosas que ocurrían en la tierra leonesa donde fue tomada la fotografía, en la Cabrera, en el bar de Pozos.
Hubiera sido bonito escandalizarse con Ramón Carnicer cuando denunció en su libro el olvido y abandono que vivía aquella comarca. Hubiera sido bonito escandalizarse con él y no sumarse a las descalificaciones gratuitas de obispos y gobernadores.
Hubiera sido bonito escandalizarse de la muerte cruel que llevaban aquellos mineros de la Cabrera que trabajaron en las minas de Wolfram o de la explotación que otros sufrieron en las canteras. Hubiera sido bonito denunciar el olvido, la miseria, la falta de carreteras, la lejanía de los médicos...
Tan bonito que, de haberlo hecho, tal vez hoy no estuviera la botella.