No cuadran. No nos cuadran las cuentas, y, lo peor, es que no le cuadran a la ciudad. León quiere vender las “joyas de la abuela”, y las cuentas no nos cuadran.
Hablamos de este asunto en mis primeras columnas. Lo hicimos valorando la coherencia de Humildad.
Desde entonces sólo he observado. A unos y a otros. Los que defienden el carácter público, totalmente público del agua de la ciudad. Y los que nos están vendiendo una semiprivatización, a cambio de saldar sus deudas y pecados, que nos dicen que son de la ciudad, y contándonos sus cuentos, para convencernos de que es inevitable.
Sabemos, según nos dicen, lo que sacaremos por el agua. No nos cuentan lo que vale.
No dicen que el empleo público se verá resentido. No dicen que alguien va a hacer un magnifico negocio. Ni garantizan el respeto absoluto a los implícitos valores medioambientales de toda gestión pública del ciclo del agua. Nadie asegura que lo que nos cuesta hoy ducharnos va a ser lo mismo dentro de unos años.
Y lo peor es que a esos paganos nadie les pone las cuentas claras.
Eso siempre es exigible, y no se está haciendo. Limpieza y transparencia, es lo mínimo exigible en cualquier proceso privatizador. Y debate abierto, con explicaciones y sin milongas.
Nuestro alcalde y sus concejalas que simplifican el debate, lo maquillan, nos lo envuelve en el celofán de la deuda acumulada, y lo adornan con el lazo de la calidad del servicio que supuestamente se verá mejorada.
Pero lo cierto es que, al menos a mí, nos asustan con su incompetencia.
Alguien justifica la barrabasada contándonos el agua que hoy tiramos, con datos muy discutibles.
Con milongas como esa sólo demuestran que el precio que van a cobrar por nuestra agua son las migajas de lo que vale.
Por eso hoy toca, además de seguir valorando la coherencia de Humildad, decir claro y rotundo que el agua de León sólo puede ser pública para seguir siendo limpia y transparente.
Miguel Hidalgo es coordinador general de Civiqus