La plaza de toros de Sahagún será la segunda en llegar a los cien años. Astorga era hasta ahora la única.
Plaza llena en un festejo celebrado hace unos años en el coso facundino por las fiestas de San Juan.
Manuel C. Cachafeiro / León
La afición taurina de Sahagún se pierde en sus tradicionales encierros y las capeas que se siguen haciendo coincidiendo con sus fiestas en honor de San Juan, en junio. Su plaza de toros data de 1909 y fue obra de una sociedad llamada “La Taurina”, que se constituyó ese mismo año con un capital de 8.675 pesetas que representaban 374 acciones a 25 pesetas.
“La Taurina” fue una sociedad controlada por el Círculo de Recreo de Sahagún que reunía a los notables de la villa, cuya vida fue más que efímera ya que apenas año y medio después, en diciembre de 1910, se disolvió poniendo como precio al coso facundino la cantidad de 12.000 pesetas. Una suma que nadie pagó y que provocó que la plaza terminara siendo subastada en 500 pesetas al empresario de Sahagún Gabino Ibáñez Testera, que se hico cargo de ella durante 24 años.
Para “La Taurina” quedó el recuerdo de la inauguración, el 12 de junio de 1909, con el entonces afamado novillero vallisoletano Pacomio Peribáñez, que mató cuatro astados de don Clemente Herrero, hierro que pastaba en Raso del Portillo, también provincia de Valladolid, en una de sus últimas tardes antes de tomar la alternativa en su ciudad natal de manos de “Manolete” padre con Rodolfo Gaona de testigo.
Para la historia quedó el nombre de “Puntero” que fue el novillo que abrió plaza. Negro meano y cornipasilfo, según la crónica de la revista de toros “Sol y sombra”, que resumió así su lidia: “Le picaron Cid y Ronquillo. Le banderillearon bien Carralito y Fesquito, con cuatro pares, y Pacomio, de café y oro, le tumbó de una contraria; se sienta en el estribo y el toro dobla los pies, rematándole Mateíto al primer puntillazo, oyendo muchas palmas”.
Curiosidades también de aquella novillada fueron el precio de las entradas -—3 pesetas, la más cara en barrera de sombra, y 1,50, la más barata en sol— y la advertencia de la empresa porque los caballos todavía no salían con la protección del peto a la plaza. “No se dispone más de que ocho caballos, muertos éstos se suprimirá la suerte de varas”.
Construida básicamente de adobe, como se hacían casi todas las construcciones en Tierra de Campos en aquella época, la plaza facundina tuvo un aforo inicial de 4.000 localidades, que después se ha ido reduciendo en busca de la comodidad hasta situarse en las 3.500 actuales, y todas las dependencias propias de un inmueble de sus características: enfermería, chiqueros, corrales y tres puertas de entrada para el público. Fotografías de la época también constatan que tuvo tendidos cubiertos, hoy en trámites de ser repuestos dentro de una amplia reformar que incluirá la construcción de un burladero ya que no cuenta con él.
Gabino Ibáñez Testera fue dueño del coso facundino hasta 1934. Ese año decidió vender la plaza a una nueva sociedad compuesta por 42 vecinos de Sahagún, en la cual estaban muchos de los antiguos socios de “La Taurina”, que la adquirieron en ducentésimas partes, por el precio de 800 pesetas cada ducentésima parte, lo que significa que la plaza se vendió en 160.000 pesetas. La lista de accionistas fue la siguiente: Julio Font: 24/200 partes. Carlos Herrero: 20/200 partes. Antonio Serrano, Domingo Hidalgo, Jerónimo A. Sanjuán y Alberto Valbuena: 10/200 partes. Joaquín Tesouro, Tubircio Baquero, Francisco Cidón y Facundo Moncada: 8/200 partes. Gil Mantilla, Gerardo del Corral, Román Conde y Silvio Aláiz: 7/200 partes. Eustaquio Sánchez, Fidencio Ruiz, Joaquín Luna y Santiago Huerta: 4/200 partes. Joaquín Gómez y Mariano Calderón: 3/200 partes. José Bermejo, Santos Font, Juan Sánchez, Justo Cabrero, Juan Conde, Bernardo Arroyo, Rufino Conde, Constancio del Corral, Antonio Franco, Vitor Altier, Florencio Herrero, Rafael Lagartos, Nemesio Huerta y Demetrio Prieto: 2/200 partes. Ocho accionistas más compraron: 1/200 partes.
Todos y cada uno de los socios, según los nuevos estatutos, correría, en la parte proporcional a sus acciones, con los gastos de conservación, así como en los beneficios que pudieran generar los festejos que se celebraran. Cada 1 de enero, la sociedad elegía una comisión gestora de la plaza, compuesta por cinco miembros (presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y vocal), que tenía la facultad de arrendar o ceder la plaza y realizar las obras que se consideraran oportunas, nunca excediendo los presupuestos aprobados por la junta general.
Veinte años, siendo alcalde de Sahagún Julio Arroyo Pucheu, la sociedad decidió ceder la propiedad del coso al Ayuntamiento de la villa, que hoy sigue regentando.
Sahagún no ha sido una plaza de grandes acontecimientos, pero sí un coso de aficionados de verdad, de esos que saben valorar el esfuerzo de los toreros, hasta estos últimos años gracias al esfuerzo municipal y el empeño de los facundinos. Así, en Sahagún toreó, pro primera vez en la provincia, “Jesulín de Ubrique” siendo aún novillero, o “Joselito” una semana antes de salir por la Puerta Grande de Madrid en la histórica tarde de la Beneficencia.
Un interés también lo corrobora el constante cambio de la plaza desde su primitiva construcción en adobe, el refuerzo de su estructura con ladrillos o la amplia reforma de los últimos tiempos rehabilitando el desaparecido callejón y mejorando todas sus instalaciones.