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A MI AIRE / José Eulogio Hernández

Ayer no fue domingo

Sin el Rastro en su sitio, la ciudad parecía ayer un día cualquiera sin tráfico. ¿Por qué esta necesidad de desplazar de su sitio a los vendedores del Rastro, cuando constituyen el motor de la ciudad para atraer ambiente, y de paso contribuir a que decenas de bares se busquen el sustento? Yo paseo cada domingo por el Rastro. ¿Qué tiene de malo un mercado tradicional, social y culturalmente anclado en el ambiente? ¿No molestan más las fragonetas en Colón los martes y los viernes y sin embargo les devolvieron a su sitio cuando habían aceptado quedarse en Papalaguinda? ¿Contribuyen a la crisis el top manta, las gafas de diseño, los relojes de cuchi, los bolsos de loév y los nikis de lagartina? Quien compra una ráiban en el Rastro tiene que saber que el cristal no puede ser orgánico y menos polarizado. Pero mucha, mucha gente incluso de ringorango, gusta comprar en el Rastro. Otra cosa es que tengan que regularizarlo. Que se controle a cuantos ya, acaparan con la basura caminos y setos. Que respeten los horarios, que controlen bolsas, basura y cajas de zapato. No molestan, más al contrario. Son vendedores y tienen tanto derecho como el que más a buscarse el sustento. Y además contribuyen a que León, donde cierran los bares cada domingo pese a que los hosteleros asociados claman por la promoción de la ciudad, al menos tenga algo de ambiente, ya que sin fútbol, los urbanitas copan los pueblos y queda León frío y solitario. No lo lleven al rifirafe político y busquen el consenso, que como gestores de lo público, parecen del rastro.

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