Ya estamos otra vez con la matraca del lunes, lunero, cascabelero. Con el rollo patatero ese de los nazi o nalistas de turno, con el pestiño del hoy me entiendes menos que ayer, pero más que mañana, medalla del amor tocagüevos que no hay semana no nos regalen al común y que les pagamos. Con el aditamento de algún socio, listo o tonto, que tanto monta, monta tanto.
¡Qué pesadez y con la que está cayendo! El día entero con su puñetera identidad, que digo yo, que si no la saben que se la pregunten a su madre o al Registro, o que le echen la culpa al butanero o a que se sentaron en un váter que, como bien saben ellos, es lo más socorrido, pero que se vayan a freír puñetas.
En días pasados hablábamos que la revista Sciencie publicaba dos trabajos relacionados con nosotros. Un grupo de investigadores, alguno de por aquí, descubrían que el genoma de la vaca es más similar al del hombre que el del ratón.
El otro, investigación de científicos de más de 20 países, uno de ellos de la Universidad de León –Juan José Arranz Santos– daba las claves de la domesticación de la oveja.
Si en días pasados era la revista Sciencie quien nos dejaba un tanto perplejos con las cosas de León, este pasado fin de semana y en un periódico de la plaza, aparecía el siguiente anuncio:
“Empresa de obras públicas necesita personal con experiencia demostrable, abstenerse sin experiencia, vagos, maleantes, sinvergüenzas”.
Luego, un teléfono de contacto.
No se que pensarán ustedes, pero a esta empresa de obras públicas que pagamos los del público y que se sigue llamando España, le pasa algo parecido.
Debo decirles que aunque llamé esperanzado, el teléfono de contacto no era de partido político alguno, ni el de la Moncloa, ni el de la Zarzuela. Era el del empresario.