Triunfó Alejandro Lalana y el leonés Damián Castaño falló con la espada
El leonés Damián Castaño puso ganas pero no pudo rematar la faena pues la espada le privó de un triunfo mayor que la generosa oreja. MAURICIO PEÑA
Perelétegui / León
El primer festejo de la temporada taurina leonesa se celebró ayer en Navatejera tras un minuto de silencio en memoria de quien fue vecino de esta localidad, gran aficionado y asesor de la plaza de toros, Román Balbuena, fallecido el pasado año.
Con más de media entrada en los tendidos se lidiaron seis bravos y bien presentados novillos de Calzadilla del Campo, propiedad de Ignacio López Chaves. La presideencia estuvo a cargo del alcalde, Lázaro García Bayón, asesorado por Ricardo Ferradal.
El festejo, organizado por el empresario Avelino de la Fuente, respondió a las expectativas que se habían marcado, incluido el arrastre de las reses por un tiro de bueyes, en vez de por las clásicas mulillas, costumbre ésta discutible desde la normativa del nuevo Reglamento Taurino.
Actuó en primer y cuarto lugar la rejoneadora francesa Julia Calviere y mano a mano se enfrentaron a los cuatro novillos restantes el aragonés Alejandro Lalana, de plomo y oro (vestido de estreno) y el leonés Damián Castaño, que se presentaba de luces (en esta ocasión de blanco y plata) ante los aficionados de su tierra. Como sobresaliente actuó El Chavi.
Julia Calviere dejó un positivo balance esta tarde al clavar rejones y banderillas, quedando deslucida su actuación por el reiterado fallo con el rejón de muerte.
Alejandro Lalana se lució con el capote en sus dos oponentes y con la muleta puso a contribución entrega y buenos oficios. Mató de certera estocada a su primer novillo, concediéndose las dos orejas, y el mismo premio consiguió en el quinto tras una faena de disposición y colocación, liándole con sabor los muletazos y adornándose con valor.
Damián Castaño tuvo la gentileza de brindarnos la muerte del primero de su lote, al que sometió después con derechazos de mano baja y llevando larga la embestida. Pinchó arriba sin acertar antes de la estocada y el descabello, escuchando una ovación. En el que cerró plaza su trasteo muleteril resultó emotivo y evidenció sus deseos de triunfo. Y cuando tenía los trofeos ganados, de nuevo la espada le jugó una mala pasada. Se le concedió una oreja, pero el triunfo grande quedó para mejor ocasión.